jueves, 9 de noviembre de 2017

El final feliz que no fue

Mi corazón late más triste cada segundo que pasa con mi celular en silencio. Porque sabe lo que significa tu indiferencia, porque sabe el final de esta historia, porque ya lo vivió.
Pienso si alguna vez me habrás amado al menos con la mitad de la intensidad con la que yo lo hago. Me cuesta responderme porque no sé, porque nunca te entendí y ahora siento que no te conozco.
Imagino si fuera al revés la situación, me imagino corriendo desesperada por las calles para irte a buscar, me imagino luchando cada segundo para mantenernos. Después caigo en la realidad, me doy cuenta de lo diferente que somos, que aunque estemos más cerca que nunca, vos nunca me vas a venir a buscar. Porque yo no estoy por encima de tu orgullo, no estoy por encima de nada.
¿Para qué correr hacia mí su podes volar a cualquier parte del mundo para escaparte?
Llego a la conclusión que si fuera la princesa encerrada en el castillo esperando a ser rescatada, vos nunca vendrías y yo me torturaría tanto que terminarías siendo el mismísimo dragón.
Para mí suerte, no soy una princesa y nadie nunca me va a salvar, pero tampoco soy prisionera de nada.
Tengo ganas de correr muy lejos, hasta perderme a mí misma y dejar atrás este dolor que no me deja respirar. Pero en este momento no siento las piernas, a penas puedo mover los dedos para escribir esto, para sobrevivir un ratito más; mi único salvavidas a este mar de lágrimas que me está ahogando.
Estoy inmóvil aca, lo peor de todo es que tengo la certeza que mi única cárcel es mi mente, no tengo salida.
Todavía no me saque las zapatillas, porque en lo más profundo de mi alma, estoy esperando que toques el timbre y me des un abrazo, de esos que me das vos, de los que me ubican, los que me centran, los que me encuentran.
Me trago con repulsión las ganas de llamarte y pedirte que vengas a verme. Se me escapan por todas partes, a penas las puedo controlar. Porque sé, que si te llamara en este momento, no me atenderías, y viviría por siempre en ese limbo del sonido del contestador una y otra vez.

Escucho la lluvia, cierro los ojos y me la imagino recorriendo mi cuerpo, limpiándome cada parte de mi alma; llenándome de claridad y purificandome. Los truenos a veces aparecen, son los demonios que se niegan a irse pero con un relámpago desaparecen por un tiempo, por ahora, por lo que dure esta noche.

27.10.17

miércoles, 18 de octubre de 2017

Sintiendo(te)

Amo tenerte cerca y sentirme protegida. Amo que me cuides como si estuviera hecha de cristal, después de enfrentarme a tanto sola se siente increíble abrazarte y saber que ya no tengo que preocuparme por nada, que finalmente estoy a salvo. Que pase lo que pase, voy a tener mi taza de té y tu sonrisa cuando me levante, así sé que la tierra sigue en su órbita girando alrededor del sol y que todo esta bien.

Odio que no me tomes en serio, que no sepas escucharme y entenderme cuando más lo necesito. Que hagas chistes sobre mis luchas y mis causas, sobre mis creencias. Que no preguntes, que no te importe que es lo que me trajo acá, que es lo que me hizo así. Que no cuestiones nada, que aceptes, te rías y nada más. Sin ir más alla, sin explorar, sin investigar. No logro entender cómo es esa burbuja en la que vivís, tan escéptica al resto del mundo, tan alejada de todo.

Amo que te sientas orgulloso de mí, que me presentes lo más preciado de tu vida, que me hayas incluido en tan poco tiempo, en hacer que me sienta parte de vos. Que no tengas filtros cuando se trata de nosotros dos, estar entre tus amigos, entre tu familia, entre tu universo, sin nada por lo que avergonzarse, sin nada que ocultar. Amo que me dejes entrar, sentirme así de bienvenida. Tu confianza genera la mía, me hace sentir suficiente y capaz.

Odio cuando tenes la cabeza en otro lado, odio que estemos juntos físicamente pero no podamos coincidir más que eso. Odio las barreras que te separan de mí, o que vos mismo las construyas. Cuando parece que queres estar en otro lado, con otras personas, haciendo otras cosas. Todo el tiempo ocupado, mirando a otro lado, con pensamientos muy lejos de dónde estas. Que siempre tengas otra cosa para hacer, como si yo no fuera suficiente, como si te aburriera, como si estar al lado mío nunca fuera la mejor opción y estuvieras constantemente buscando mejores.

Amo que me quieras así de libre. Que me aceptes sin prejuicios, con todos los demonios que me persiguen del pasado, con los desastres en la cabeza. Con todos mis errores, con todo lo que me perturba. Me enseñas a amar de otra manera, más sana. Después de tanto tiempo ahogándome, sé lo que es respirar. Sé que puedo volar por días y semanas, puedo ir y verlo todo porque sos vos mi lugar para volver, mi hogar.

Odio que intentes hacerme creer que estoy equivocada cuando me preocupo por vos. Odio que no te pongas en mi lugar para verlo de la manera en que yo lo hago. Odio que digas que exagero, que no te des cuenta, que yo si te entiendo y por eso no estoy tranquila. Porque sé que algo no está bien. Sé que estas dejando que te consuman tus angustias, me desespera verte arder y que no escuches mis gritos. Odio que no me dejes ayudarte, que te escapes de mí, que no sea yo tu lugar seguro.

Amo que seas mi mayor inspiración para escribir, para amar, para vivir (que para mí es todo prácticamente lo mismo). Pero odio que nunca me leas, que no llegues a conocerme, es como si me miraras pero nunca me vieras verdaderamente.

lunes, 9 de octubre de 2017

Nosotros y ellos

Se creen muy superiores ¿no? Estar desinteresados por todas las luchas sociales y burlarse de los ridículos que quieren todo menos ir a trabajar. Que fácil decirlo.
Que lastima me dan, ustedes, que son el personaje perfecto que quiere crear el sistema. Sin empatía a lo que pasa en su alrededor, solo preocupados por sus me gusta en Instagram. Que lastima que me das, siento tan predecible.
Como si ignorar todas las injusticias te hace mejor que cualquiera que "pierda el tiempo" luchando.
Claro que a ustedes nunca les va a afectar directamente, porque no tienen ideales, no tienen principios. Compran todo lo que le venden los medios y repiten lo mismo una y otra vez, hasta el cansancio, hasta ni saber que significa.
¿Creen que el país solo se divide en la grieta? ¿Que es así de fácil? ¿Estas de un lado o del otro? Dejenme contarles, donde esta la verdadera brecha. Entre los poderosos y entre nosotros.
Nosotros somos los que trabajan, nosotros somos a los que la policia reprime, nosotros somos los desaparecidos, nosotros somos las mujeres asesinadas. Somos las putas, somos los nenes pidiendo plata en el colectivo. Somos los limpiaparabrisas. Somos los artistas callejeros. Somos los que intentan mantener en pie su negocio, y también somos clientes. Somos vecinos, somos aborígenes. Somos los delincuentes y somos la victima. Formamos todos parte de lo mismo, la parte del país que lucha cada día para sobrevivir, de la manera que sea. Y del otro lado, no está ninguno de nosotros, porque los que están del otro lado viven en su propio mundo, un mundo de números donde es imposible que seamos escuchados. La parte poderosa que controla todo y a la que no le importamos, que finge a veces estar del mismo lado, pero sabemos que no es así. Porque nunca nos van a dar la oportunidad de subir, de seguir adelante, quieren que nos quedemos estancados en nuestro lugar peleando y discutiendo entre nosotros para que no nos demos cuenta quienes son los verdaderos culpables.
Y que lástima les tengo a ustedes, que no pueden verlo. Que nos llaman locos a nosotros.
Perdón por luchar por nuestros derechos, perdón si te molesto pidiendo a los gritos que nos escuchen, perdón por el desastre que estamos haciendo por solo sobrevivir. Pero no vamos a parar, porque ellos tampoco lo van a hacer. Entiendo que no quieras participar, pero no nos juzgues por querer hacer el cambio y no solo resignarnos a que se nos rían en la cara, a que nos deshumanicen.

Voz

Algunas veces siento como si su voz me reconstruyera, como si ayudara a cada parte de mi alma a ubicarse en el lugar correcto y me hace sentir completa.
En cambio, otras veces, siento esa misma voz rompiéndome en millones de pedazos que pareciera imposible llegar a unirlos nuevamente, a veces siento sus propias cuerdas vocales atravesando mi cuerpo y destrozando todo a su paso.
A veces lo siento como mi medicina, como lo único puro que queda en este planeta; mi droga, lo veo como mi única solución pero algunas veces puedo sentirla como un revólver en mi cabeza que destruye todo racionalidad que mi cerebro pueda crear.
Su voz es tan preciosa y profunda, que me hace querer morir como otras veces es lo único que me mantiene viva. Tan reconfortante y tan destructiva a la vez.
Algunas veces siento que me ayuda a respirar y otras, como si esa misma voz, me ahogara.
Así es él, así es su melodía, su persona y su alma, es mi salvación  en mis momentos más oscuros, es mi perdición cuando más estoy brillando, es mi norte y mi sur.
Su voz es algunas veces todo lo que recorre dentro de mis venas, y es también, cuando se lo propone, todo mi mundo exterior, todo lo que logro ver y todo lo que escucho.
Su voz es mi vida y mi muerte.

martes, 26 de septiembre de 2017

Nuestros gritos

No sé por donde empezar. Por primera vez en mucho tiempo siento que las palabras se me escapan para quedarse escondidas en una partecita de mi mente para siempre, para no sentirse expuestas, para no sentirse en peligro. Pero necesito liberarme de este nudo que cree en mi cabeza, que al fin y al cabo desata ideologías y pensamientos que terminan determinando la persona que soy hoy.
Era octubre del dos mil seis, yo tenía ocho años. Fue una de las tantas veces que fui a dormir a la casa de una de mis mejores amigas, Sofia. Tengo recuerdos muy vagos sobre ella, pero sé que me hacía reír a carcajadas y nos contábamos todo. Vivía sola con su papá, ya que su mamá tenía otra familia y la venía a visitar muy de vez en cuando. A ella le encantaba igual, su papá, Daniel, era uno de los hombres más amorosos y simpáticos que conocía; hasta mi mamá lo solía decir. Un hombre que vivía trabajando por y para su hija, le cocinaba sus comidas favoritas y la hacía escuchar sus discos preferidos todos los días. A mí también me encantaba ir a la casa de Sofi.
Ahora desde la lejanía puedo ver como no era tan perfecto todo como yo lo veía a esa edad.
Un sábado a la noche, Daniel nos cocinó papas fritas con milanesas y nos compró coca-cola, también se compró un vino para él.
No recuerdo qué estábamos viendo en la televisión después de que terminamos de comer, sé que nos reíamos, al mismo tiempo que luchábamos contra los mosquitos que nos saturaban esa noche. Comenté que me picaba la espalda, y Daniel se ofreció a rascarme. La picazón se me había terminado hace rato, pero las manos del hombre seguían tocando mi espalda. Después de un rato en el que ya me empezó a incomodar, me excuse teniendo que ir al baño y logre escapar de esa situación.
De lo que no pude escapar, fue cuando me desperté a la madrugada con esas mismas manos en mi entrepierna. Estaba muy asustada, desee estar en mi casa o al menos haber elegido el lugar de la cama que estaba contra la pared. En ese momento no entendía nada de la situación, solo sabía que quería que terminara porque no me sentía para nada bien, era abrumante, desagradable y muy incomodo. El corazón me latía muy fuerte, quería gritar pero no me salían las palabras, quería moverme para despertar a mi amiga, quería salir corriendo, necesitaba terminar con esa situación y no sabía cómo, porque solo tenía ocho años y lo único que lograba hacer era llorar en silencio. En ningún momento abrí los ojos porque me aterraba verle la cara. di media vuelta para quedar boca abajo y enredarme con las únicas sabanas que me cubrían. Daniel sacó la mano rápidamente y se fue. Yo respire.
De a partir de ese día nunca más visite a Sofia, nuestra amistad se desvaneció y la única alusión que me quedó de ella es elegir siempre el lado de la cama que está contra la pared.
Hoy, que finalmente con diecinueve años puedo escribirlo y aceptarlo realmente como fue, sin tener vergüenza, porque sé que nunca nadie más va a invadir mi cuerpo sin mi consentimiento. Porque hoy acepto toda mi persona, toda mi historia, como algo solamente mío, porque ahora soy mi única dueña. Nadie más decide sobre mí, mucho menos voy a dejar inhibirme, no importa quien sea. Voy a gritar todo lo que no pude gritar esa noche, a los que chiflan por la calle creyendo que pueden opinar sobre mi cuerpo, a los que me miran de arriba abajo como si analizaran una mercancía en oferta, a esos chicos que creen que porque estamos en un boliche pueden tocarme. A todos aquellos que me hacían querer escaparme de quién soy para dejar de sentirme acosada. Para poder caminar sin miedo, para demostrarles que ya no me condicionan. Que nunca más voy a callarme así. Por mí y por cada chica, que como yo, vivió o vive con temor solo por ser mujer. Y también por las que no pudieron dar revancha, también por las que no fueron escuchadas en su momento, y las que no están siendo escuchadas ahora.
Pueden decirnos como quieran, pueden decir que exageramos. Pueden decir todo pero ahora somos nosotras las que van a estallar su garganta antes de que cualquiera intente apoderarse de nuestro cuerpo, nuestro orgullo y nuestros derechos.

sábado, 9 de septiembre de 2017

212 días

Una vez leí que uno de los factores más crueles de nuestra vida es el tiempo, ya que no discrimina en dolores y alegrías, en corazones rotos, ni siquiera en nacimientos y muertes; sigue pasando indiferentemente a nuestra existencia, al mismo ritmo, con esa monotonía que nos abruma. Pero, me declaro culpable de ser de esos, que a pesar de tener todos los fundamentos en contra, siguen pensando que el tiempo es relativo; porque, mi amor, hace años estoy sentada acá escribiendo sobre vos y tu sonrisa, pero solo hace doscientos doce días que comenzó nuestra historia (sin tener en cuenta la vida entera que tuvimos de prólogo).
Dejame explicarte, yo no secciono mis tiempos en años, mi reloj biológico se divide en vidas, y éstas a su vez, se van separando por cada cosa que amé realmente. Por ejemplo, comenzar de que era un bebé no tiene sentido, porque no lo recuerdo. Mi memoria empieza a funcionar a partir de los nueve años más o menos, cuando por primera vez sentí amor puro por algo que yo había elegido, ahí empieza una vida; así iniciaban y finalizaban los ciclos mientras cambiaban mis pasiones y aficiones.
Por eso vos, ahora, sos una parte tan importante para mí, sos el inicio de una de mis vidas favoritas.
Volviendo un poco a esta realidad cuantitativa que nos rodea. Son cinco mil ochenta y ocho horas unidos por un título, que no cambia nada, porque las etiquetas son otro invento de las personas que nada tiene que ver con el amor.
Me gustaría tenerte acá al lado mío, porque siempre el momento donde más me inspiro es entre tus brazos.
Pocas cosas me motivan tanto como compartir cientos de vidas con vos; que seamos nosotros los escépticos respecto al tiempo, que tengamos nuestro propio calendario que no distinga estaciones ni feriados.
Eternas gracias por esto, por la medicina de tus labios que me cura los miedos, por detener este mundo que me agobia con tanto movimiento, por combinarte con la lluvia para entregarme toda la paz que necesito, por hacerme llorar de felicidad, y por volverme a elegir cada día, a pesar de todo.

Te amo por esta vida y espero que por muchas más.