miércoles, 3 de octubre de 2018

Donde sea que estés


Me parece increíble, después de todo estos años, seguís acá. ¿Será que sos parte de mí?
Habían pasado más de cinco años desde la última vez que te vi. Y hoy, volviendo a escuchar tu voz, me acuerdo lo eternamente enamorada que estoy.
Pasó mi vida, pasó la tuya. Somos dos personas diferentes a las que eramos aquella noche que nos despedimos (sin saber que sería la última)
E inclusive así, otra vez estamos acá. Y todavía lo tenemos. Nos miramos y sabemos todo del otro, como si nada hubiera cambiado, como si nosotros no hubiéramos cambiado.
Como si yo tuviera quince años, y vos dieciséis. 
Miro tu sonrisa, se me pone la piel de gallina. ¿Cómo es posible querer tanto a alguien? ¿Cómo es posible que el sonido de tu voz cure todas las heridas que vengo arrastrando desde que nos dejamos? ¿Cómo es posible que existas?
Y me decías, que mi problema era idealizar demasiado a la gente (y cuanta razón tenías).
Y me preparaste para lo que se venía. Fuiste el único que me advirtió, que crecer no era como lo imaginaba, que disfrute ese momento porque todo pasa, todo tiene su final (y cuánta razón, mi amor)
Volver a verte me recuerda a esas noches interminables que pasábamos hablando por teléfono, sobre la vida de la que tan poco sabíamos, de cómo podíamos imaginar nuestro futuro, de nuestras canciones favoritas. Y lo recuerdo todo, porque en ese tiempo no existía nada más, no existían mis preocupaciones, mis responsabilidades, ni mis temores. Solo existíamos vos, yo, y ese aparato que nos unía.
Volver a sentirte, me recuerda que jamás voy a volver a sentir lo mismo por otra persona.
Porque nos formamos juntos, pero sabemos que nuestro final no es uno al lado del otro, todo lo contrario. 
Vos no naciste para atarte a algo, a alguien, viniste a este mundo a llenarlo de luz con esa sonrisa, y seria demasiado egoísta de mi parte quitarle eso al resto.
Yo no nací para seguirte, estoy acá para construirme y conocerme. Para escribir, leer, y hacer que cada día me pertenezca.
Esta tierra no puede con nosotros dos juntos, sería demasiado.
Todas las noches estoy a punto de llamarte, solo para recordarte, que pase lo que pase, siempre vas a ser vos. Donde sea que estés. 
Pero no quiero hacerte retroceder, porque sos de los que se lleva por delante el mundo. Cruzarme en tu camino ahora, hasta parece peligroso.
Y el reencuentro de una noche no cambia nada (como no lo hicieron estos años de distancia), porque al fin y al cabo, una parte tuya vive en mí, y viceversa.
Puede ser que un par de días quede atascada en el sabor de tus labios y en el color de tus ojos. Pero aprendí a mirar hacia adelante, porque me enseñaste a superarlo todo (inclusive a vos)
Verte brillar siempre fue mi pasatiempo favorito, así que no me queda más que recordarte con una sonrisa. Por todo lo bueno (y lo malo) que nos llevo a cada uno al lugar en dónde estamos.
Espero de todo corazón, que seas verdaderamente feliz en muchos momentos (porque eso es la felicidad), y cuando te sientas apagado, podes leer todo lo que alguna vez te escribí. 
Llévate algunas letras mías cuando estés de viaje, total, si se trata de vos, me brotan las palabras con tanta facilidad que me desbordan. 
Eternas gracias. Ojala que la vida nos vuelva a encontrar otra vez, para que me cuentes de tus metas cumplidas y yo de las mías. 
Pero si no lo hace, quiero que sepas que te amo, desde ayer y hasta el día de hoy. Y como vos decías, del futuro no nos podemos asegurar nada.

Hubo un tiempo que te amé, y también habrá un tiempo después de eso.

domingo, 30 de septiembre de 2018

El desafío de volver a casa

Caminar sola por la calle a la noche es mi mayor pesadilla.
Volviendo a casa a las doce de la noche, mi hermano me dijo que me tome el colectivo, que él me iba a buscar de la parada.
Un señor y yo bajamos en la misma, sentí que me miro mucho y eso ya me puso incomoda, porque no había nadie más. Por suerte doblo para otro lado y lo perdí de vista.
No había ni una sola persona, pasaban algunos autos muy de vez en cuando.
Fabian no había llegado todavía. Me da pánico estar en la calle sola, no hay nada que odie más. No quería estar ni un segundo mas ahí. Me dije a mi misma "Bancatela, camina y ya te lo vas a encontrar, debe estar llegando, peor es estar aca", algunos conductores se paraban a mirarme así que me alejo lo más que puedo de los autos.
Empiezo a caminar, a mirar para todos lados, nadie. Entonces corro, porque necesito llegar ya.
Después de las primeras dos cuadras veo a unos hombres tomando cerveza en la esquina, ¿eso me tiene que tranquilizar porque ya no estoy sola en la calle?
Pare de correr para no parecer tan asustada, me cruze para la de en frente, por las dudas, y mientras camino escucho a uno decir "¿tan linda y así de solita por la calle? ¿a vos te parece?", miedo, miedo, miedo. Empiezo a correr otra vez, me late fuertisimo el corazón, hago una cuadra más y me animo a mirar para atras, nadie, otra vez. Miedo. No tengo aire pero no me animo a parar, este camino es eterno.
Veo venir a mi hermano unos metros más adelante, vuelvo a tener alma. Justo dejo de correr y se me para un auto al lado mio. Miedo. Una señora me pregunta desde la ventanilla "¿Estas bien? ¿Te paso algo?", claro, estaba sola corriendo (y tan asustada) que era preocupante; "Estoy bien" digo y lo apuntó a Fabian que ya estaba en frente mio. La mujer le dice a él "Tene cuidado que había un par de degenerados en la otra esquina" y se va.
"¿Estas bien? ¿Te hicieron algo?" me pregunta, le digo que no, pero se me quiebra la voz, me pongo a llorar.
¿Es qué cómo te explico? No, no me hicieron nada, ¿o si? O acaso esos tipos, como todos los que me gritan en la calle, me chiflan, me tocan bocina, los que me tocan sin mi consentimiento, los que me miran asquerosamente, los que me acosan desde los 9 años, todos esos, ¿No me hicieron algo? ¿No me condicionaron a vivir una vida llena de miedo?
Es que estoy en la calle, puedo ir a donde yo quiera. Y sin embargo no me siento libre, me siento más acorralada que nunca, me sofoca. Salir de mi casa todos los días para mi es un desafío, uno que solo supero cuando logro volver sana y salva.
Tengo tanto miedo, tanta indignación encima de tener que vivir así, de no sentirme segura en ningun lado, ni en la trabajo, ni en la facultad, ni en el boliche, ni en el colectivo, en ningún lado. Vivo en estado alerta, todo el tiempo asustada, lista para salir corriendo.
Hoy llegue a mi casa, todavía no puedo dejar llorar.
No puedo dejar de pensar, que algún día mi hermano se retrase un poquito, y yo no tenga tanta suerte, no tenga la posibilidad de escribirlo, no tenga la posibilidad de salir a la calle otra vez a dar pelea. Tengo miedo de que algún día sea mi nombre el que aparezca en las noticias, que se me recuerde como un número más de las tantas, de las que no pudieron volver con su familia.
Que difícil es vivir con miedo, que dificil es ser mujer.

lunes, 3 de septiembre de 2018

A E P D S

Abajo del sol, desaparece esta soledad desesperante.
Después de estrangularme, de ahogarme.
El día salva a el alma.
El dolor se apacigua debajo de él.
Aquella despedida es sutilmente disimulada entre sonrisas.
Pero al anochecer, atormenta ese adiós.
Se dificulta descansar.
Si dormir es despiadado sin su piel.
Si aquellos sueños piden por su alma, por su esencia, por su ser.
Sin él es difícil.
Pero siempre sale el sol, de eso estoy segura.



jueves, 16 de agosto de 2018

Un texto sin forma

Son las doce y media del mediodía de un jueves, y yo no sé que hacer.

Estas horas que paso sola,
encerrada en mi casa
(en mi cabeza),
siento que todo esto es tiempo perdido.
Es tiempo que podría pasármelo acariciándote,
pero no,
estoy acá escribiéndote
y no es lo mismo.

Mi té de desayuno
ya no tiene el mismo sabor,
si lo tomo en la soledad de mi mesa
y no viene acompañado
de un beso tuyo.

Leí que en el momento
que uno verdaderamente se conoce a sí mismo
es cuando no depende
de hablar con otra persona todo el tiempo
y no necesita dormir acompañado.
¡Que ganas de ser suficiente para mí!
pero los días eran más soleados
cuando me despertaba en tus brazos.

Y pensándolo bien,
tampoco tengo muchas ganas de conocerme
a mí misma,
no me soporto.
Volver a ser yo,
cuando no me importa nada ni nadie,
es ser libre
pero también es ser una persona muy diferente
a quién soy ahora.
Es dejar ir esta finita vida que formamos
juntos
para comenzar otra.

Otra vida
donde no tenga a mi voz interior diciéndome
"hablale,
llamalo y háblale por cinco minutos,
nadie se va a enterar,
no va a pasar nada",
donde no necesite saber si estas en línea,
donde los buenos días puedan empezar en otro lugar
que no sea tu cama.

Lo que escribo ya no tiene forma
porque así me siento,
indefinida
sin determinaciones.

Ya quiero dejar de extrañarte,
dejar de sentir
este dolor en el pecho
que no me deja seguir adelante.

Ojala que vos
también puedas curarte
y no volver a mí,
ser tu mejor versión
lejos de gente tóxica
(como yo)
Y brillar
como solo vos sabes hacer
con tu alma pura
y tu sonrisa.

Nos deseo lo mejor a los dos,
porque todo pasa,
y eso siempre lo supe.
(Aunque este limbo en el vacío
donde me encuentro ahora
parece interminable)



miércoles, 1 de agosto de 2018

¿Cómo?

Yo me pregunto ¿Cómo se vive con el corazón roto?
¿Cómo se camina, como se habla, cómo se va a trabajar?
Si yo intento disimularlo, pero todos se dan cuenta, me miran con esa misma tristeza que yo reflejo (que no puedo ocultar), todos me tratan como algo frágil, como si estuviera al borde de un abismo.
Yo de verdad intento, seguir, manterme positiva. Al menos llorar solo cuando nadie me ve.
Es que esto, lo que siento, está solo en mí ahora, digan lo que digan, sé que yo sola voy a tener que rearmarme y superar. Ya conozco esta historia, eso no la hace más fácil.
Soy tan cliché de escribir siempre de lo mismo. Es que lo hago para mí, para poder soltarte de poco, de a textos.
Es que es muy dificíl dejar ir a alguien que amas tanto, pero peor es saber que ese amor es correspondido, que del otro lado también hay alguien sufriendo; pero nos separan tantas cosas que es imposible correr a sus brazos otra vez.
13.05.18

domingo, 15 de julio de 2018

Cuando (nos) pierdo


Que miedo que me dan esos momentos, en los que me pierdo a mí misma.
Cuando no puedo serme fiel, no puedo confiar en mi, no puedo cumplir con mis ideales que son lo que me forma como persona, cuando me traiciono, cuando siento que me lastimo. Que horror.
Siempre hago que todo sea sobre mí, cuando esto tendría que ser sobre vos.
Algunos dicen, que no podes amar a alguien más antes de amarte a vos mismo. Lo único que sé es que nadie puede decir cuando es correcto, correspondido y está bien amar. Cada uno a su manera.
A veces me enojo tanto con vos, porque te pones en contra de mis argumentos, que para mí tienen un fundamento tan sólido que no puedo entenderte; después te agradezco por eso, por hacerme ver las cosas de una manera diferente, por las distintas perspectivas, por como cambias mi visión sobre todo, me expandís los parámetros, me haces reinventarme cada vez más, me llevas a evolucionar.
Y otras veces, me enojo conmigo misma, me odio y a mí si que no me quiero escuchar. Porque yo no tengo razones cuando hago las cosas mal, lo hago porque sí, porque después de todo, esa también es una parte verdadera de mí, y ahí es cuando me detesto. Me doy asco a mi misma cuando me pierdo, cuando me olvido, cuando hago las cosas sin pensar y después me arrepiento.
Que fácil es decir que me equivoque, pedir perdón y listo. Total no se puede deshacer, así que el peso va a terminar siendo solo tuyo. No quiero eso. Tampoco quiero ocultarme, no sé cual de las dos opciones es más deshonesta, más cruel. No sé cuál duele menos.
No sé que hacer, y es una lástima que esta vez no pueda pedirte consejos, que no te tenga a vos para solucionarme, para hacerme ver más opciones.
Porque estas directamente involucrado.
Me siento perdida, no me reconozco, no sé cómo seguir. Ya ni siquiera sé que es lo correcto, o que es lo mejor.
Solo sé que te necesito, porque sos el único que me dice la verdad mirándome a la cara, el único que me enfrenta, el único que me habla sin filtros, que me ve realmente como soy. El que me mira y me reconoce, que siempre me encuentra, que sabe guiarme cuando lo necesito. Que está al lado mío siempre pero sabe como dejarme libre, que no me deja ponerme limites, que no me deja quedarme estancada.
Lo único que entiendo de mí misma ahora, es que te amo.