túque ayer solo eras toda la hermosuraeres también todo el amor, ahora.
- borges ♥
Naufragando por el bosque, con las ramas hambrientas arrancándome a pedazos la ropa, la noche masticándome los talones y el viento susurrándome la salvación en un idioma desconocido. Con el mapa que está en mi mente pero perdió todos sus colores, sus señales y sus palabras. Con los gritos que mueren mucho antes de alcanzar mi garganta, y el frío que hace tambalear la poca valentía que todavía guardo en mi canasta, la que pareciera pesar más con cada bocanada de aire que abrazo.
Él aparece de la nada, nacido de las sombras como un ángel caído. Su pelo brilla más negro que la oscuridad y en sus ojos todavía ardían brasas de una hoguera en extinción. Todo su alrededor iluminaba.
Con su primera mirada yo ya había encontrado mi camino. Confirme lo que tanto se sospechaba de que la esperanza está ligada a la luz, porque en él encontré ambas.
Sin dirigirme la palabra ya estábamos comunicados. Tomó de mi mano, me aferré fuerte como un último soldado a su espada. Me guió entre las tinieblas con pasos firmes, decidido, parecía ser amigo de todos mis miedos. Me recordó a esos viejos cuentos que solía leer, dónde los navegantes iniciaban su travesía siguiendo una estrella en busca de sus deseos, él era la mía.
Se detuvo, me mostró el camino indicado para llegar a mi destino. Yo no quería soltarme aunque era consciente de que no merecía su compañía eterna pero solo me bastaba con un par de minutos más, conquistar un pedazo más de infinidad, descifrar alguna palabra en sus ojos o en sus manos, robarme unos segundos más de su inmunidad.
No se despidió, ni tampoco me pidió nada a cambio, desapareció tan rápido como había llegado. La oscuridad ya no me asustaba sino que ahora era la soledad quien se había presentado, la que me robaba el aire respirandome en el cuello.
Pero tuve que seguir, ya no tenía excusas, mi abuela estaba esperándome.
Muchas veces me tentó la idea de escaparme hacia al bosque solo para buscarlo, es decir, para que él me encuentre. Termine apreciando esa naturaleza a la que tanto había temido aquella noche, aprendí a disfrutar de su escolta, a no escaparme hacía mis destinos sino a disfrutar el camino. En cada parte de la preciosidad de los árboles me lo encontraba, me reflejaban su hermosura pero nunca más volví a verlo.
Con el tiempo, los rumores lograron tergiversar la historia, la gente dice que me envió por el camino más largo para después comerme.
Jamás nadie me preguntó, pero deben existir peores formas de morir que ser devorada por él.
La consigna es escribir sobre mis orígenes en la literatura, pienso, se me ocurre, ¿dónde empezó todo?
Las cataratas de fuego
le bañan los pensamientos,
fuego en extinción,
que se funde entre las cenizas.
Como la luz de una estrella lejana
que amenaza con apagarse
sus ojos me encuentran
mientras batalla con la noche.
Le susurro promesas
que el reloj de arena me reclama.
Con su indiferencia me convierte en cristal
en el rencor no logro reconocerla,
frente al espejo le grito
¿Cómo hacer que me ames?
lejos esta la realidad en la que alguna vez viví, los abrazos que usaba de escudos o las bocas donde buscaba destinos.
en un mundo paralelo a este año quedaron las tardes de mate, las charlas abajo del sol, las palabras que me predominaban.
mis manos vacías, como mi cama, como la quinta taza de té del día, como mi bandeja de entrada.
los días vacilan entre grises o amarillos, blancos o negros, a veces rosas pero ya no importa porque el tiempo me robo todos los colores, olvide como mirarlos.
también se llevó la mitad de mis otros sentidos. pero todavía escucho a mi cabeza cada vez que me despierto. el viento, la lluvia, su voz. algunas cosas nunca cambian.
la naturaleza llamándonos, tentandonos. la serpiente otra vez se burla de nuestra debilidad y hoy todos somos Eva, saboreando cada pecado sabiendo que puede ser el último. donde cada mordida nos deja más al descubierto, donde hasta Dios perdió la fe en nosotros.
me quedan solo los sonidos, los ecos de una vida que no fue y nunca será.
las voces huecas que devoran mis fuerzas intentando ser escuchadas cuando no tienen nada que decir.
las voces de los cuatro elementos que poco saben sobre darse por vencidas.
las lágrimas hechas de la misma agua que nos recorre en la sangre. la tierra vibrando bajo nuestros pies dando a luz a todos esos árboles a los que le robamos el aire para poder existir. y finalmente el fuego que gracias a nuestro silencio todo lo consume, eterno esclavo de su hambre, infinitamente insaciable, presuntamente imparable.
Ese dolor, ese miedo
convertido en fuego y vibraciones.
El viento me lo trajo,
un día antes de que se termine el mundo,
la lluvia me susurró
que habíamos entendido todo al revés:
en el infierno estaba el verdadero paraíso
porque los demonios habían elegido
y ahora vos lo reinabas todo.
(La democracia de los subestimados)
El niño nativo
que fue el primero en la creación
pero el último en ser encontrado.
Detrás de la oscuridad,
de las cenizas, del color azabache,
en el desliz del agua salada
sigue vivo el brillo de la esmeralda.
Esperando el día de tu bautismo,
porque todavía no descubriste
que aca arriba también somos pecadores.