viernes, 24 de febrero de 2017
sábado, 18 de febrero de 2017
ojala pudiera ayudarte bebé, te doy mi corazón, te doy mi oxígeno, mi vida, todo; para que te puedas reconstruir, para que seas eterno. ni siquiera puedo explicar la locura que se siente al amarte, es tan contradictorio. duele tanto pero es lo único que me hace bien. es desesperante, quiero curarte; poder salvarte como lo hiciste conmigo. me liberaste de cada uno de mis demonios, hasta de los que yo no conocía.
Él; 23.02.2016
Te miro dormir, de Magalí Tajes
Te miro dormir y siento que sos la persona más linda del mundo. Porque de todas las millones de personas que están existiendo, vos, sos la que me moviliza.
Y en este momento ¿sabes? ahora, digo; sigue habiendo enfermedades, guerra, muerte, balas, policías reprimiendo, pibes robando, pibas secuestradas y millones de personas infelices asfixiadas en una vida que las va a matar de angustia, si no es que no las mata antes, las pastillas que consumen para tapar esa angustia.
Sigue habiendo corrupción, pedofilia, homofobia, sigue habiendo todo, pero te miro dormir y me olvido. Por un rato, el mundo se vuelve un lugar habitable.
Para ser honesta, hermoso, hasta pienso que quizás tu expresión fastidiada al dormir no sea producto de mi insistencia con tocarte el pelo, sino la manera inconsciente que tenes de estar en desacuerdo con lo horrible del mundo.
Y sonrío triste; me pregunto cómo haces vos,cómo haces vos para olvidarte un rato de todo cuando no tenes la suerte; la increíble suerte de verte durmiendo.
Que mágica esta mujer que es, para ser y para expresarse.
Descubrimientos en el año 2015
Recientemente
me di cuenta de que soy, de hecho, una adicta a los sentimientos. A sentir,
para ser más exacta.
Lo que, para
ser sincera, complica mucho mi vida ya que toda mi existencia es una ordinaria
rutina de aburrimiento.
Más allá de
que otra de mis más grandes adicciones sean las letras, supongo que esa es la
razón escondida de por qué disfruto tanto de la literatura, la cinematografía y
toda la ficción en la que me veo diariamente envuelta.
Soy una
consumista de emociones. Una obsesión psicológica tan grande que me afecta
físicamente también, algo tan normal como una risa o una lágrima, algo tan
trágico como un aumento de pulso en todo mi organismo. Es esa ‘piel de gallina’
durante una canción, y es ese ridículo bienestar personal cuando escucho su
voz.
Para una
simple adolescente con una vida terriblemente predecible es un problema
bastante grave; ya que se podría decir que todo lo que me mantiene funcional la
mayor parte del tiempo es mi imaginación.
Mi reciente
descubrimiento explica mucho de mi persona, déjenme decirles.
El fuerte
dolor de pecho que siento cada vez que me siento levemente atacada o afectada
por algo, como si un mundo empezara o terminara a partir de eso, como si a
alguien le perjudicara al igual que a mí. Es agresivo y exagerado, y permítanme
confesarles que es agotadoramente asfixiante.
Esa
abrumadora felicidad que siento por pequeñas cosas que no modifican mi
existencia bajo ningún concepto, esa fortuna de la que robo un pequeño trozo
para saciarme en ella, no es mía, no es de mi incumbencia, pero la disfruto
descomunalmente como si de mi vida se tratara.
Ese amor
incondicional que despierta cada una de mis células, las hace bailar, las hace
sonreír. Ese cariño inimaginable hacia una cosa o una persona que existe solo en
mi cabeza, porque somos realidades tan distantes que no parecemos del mismo
mundo. Esa adoración indescriptible hacia todo o hacia la nada misma, pero más
real que mí propio universo.
Y ese odio
que pareciera que corre por mis venas, que me llena de una forma aterradora.
Que a veces me domina. Ese enojo extremo al que le tengo miedo, pero sé que le
pertenezco en muchas formas, ya que algunas veces soy su esclava. Ese rencor
que viene sujeto de una indignación que no hace más que ahogarme. Esa incomprensión
terrible que me vuelve irracional.
Polos tan
separados e intocables. Todo o nada, no hay intermedios.
Mi cerebro
hace sentir a mi cuerpo como toda esa ficción con la que llene mi cabeza. Y
ahora soy una víctima en mi cuerpo. Que no puede hacer más que resignarse a
vivir intensamente una subsistencia vacía y llena de dudas.
Todo es mi
culpa, me amo y me odio por ello. Me hace increíblemente feliz e
intolerablemente triste.
ESCRITO EL 25 DE MAYO DEL DOS MIL QUINCE.
miércoles, 15 de febrero de 2017
Nadie
Podrían llamarme oscuridad, porque en eso me había convertido.
"Dime con quién andas y te diré quién eres" decía el refrán, entonces yo no era nadie; o era silencio, era soledad, era vacío.
Perdí la cuenta de los días que llevo dentro de ésta prisión. Tenía una pequeña ventana que me revelaba nada más que árboles, algunas veces, si tenía mucha suerte; sentía unas pequeñas gotas de lluvia que llegaban a través de la pequeña abertura de mi celda, éstas humedecían mi cara y me recordaban que seguía viva, que todavía pertenecía a ésta realidad.
A veces me murmuraba a mí misma para no olvidarme cómo sonaba la voz humana, y otras veces, mi mente se sumía en un intenso silencio que comenzaba a olvidar las palabras o los nombres de las cosas.
Me preguntaba si las personas podrían morir ahogados en su propio vacío, si la gente que estaban rodeada de nadie se podría convertir en eso, en la nada.
Y así fue, dentro de mi celda fui nadie por años, hasta que olvide cómo respirar.
Hasta que olvidé cómo ser un humano.
Escrito a principios del año dos mil catorce.
Inspirado en el texto "Celebración de la voz humana/2" de el señor Eduardo Galeano.
"Dime con quién andas y te diré quién eres" decía el refrán, entonces yo no era nadie; o era silencio, era soledad, era vacío.
Perdí la cuenta de los días que llevo dentro de ésta prisión. Tenía una pequeña ventana que me revelaba nada más que árboles, algunas veces, si tenía mucha suerte; sentía unas pequeñas gotas de lluvia que llegaban a través de la pequeña abertura de mi celda, éstas humedecían mi cara y me recordaban que seguía viva, que todavía pertenecía a ésta realidad.
A veces me murmuraba a mí misma para no olvidarme cómo sonaba la voz humana, y otras veces, mi mente se sumía en un intenso silencio que comenzaba a olvidar las palabras o los nombres de las cosas.
Me preguntaba si las personas podrían morir ahogados en su propio vacío, si la gente que estaban rodeada de nadie se podría convertir en eso, en la nada.
Y así fue, dentro de mi celda fui nadie por años, hasta que olvide cómo respirar.
Hasta que olvidé cómo ser un humano.
Escrito a principios del año dos mil catorce.
Inspirado en el texto "Celebración de la voz humana/2" de el señor Eduardo Galeano.
Pesadillas. Inspirado en Julio Cortázar
¿Existe peor pesadilla que la realidad?
No recuerdo cómo comenzó todo, sólo sé que me dormía observándola para soñar con ella.
Funcionaba sí, soñaba que caminábamos de la mano por un parque o que íbamos a nadar a la playa; entonces, cuando despertaba, decidía llevarla al parque y a la playa.
Pero de repente, sólo podía ver cómo se la llevaban dentro de una enorme camioneta negra, y yo corría para salvarla, pero no avanzaba, no podía ayudarla.
Y mientras la distancia entre el vehículo y mi cuerpo aumentaba, poco a poco, mis inútiles esfuerzos por moverme me consumían, me desintegraba hasta que despertaba.
Entonces decidí dejar de observarla al acostarme, pero la pesadilla seguía ahí.
Hacia setenta y dos horas que no dormía, ella me regañaba por eso, pero yo sentía toda mi realidad en un segundo plano a causa de mi falta de sueño.
Eventualmente ese día llego; el día que la llevaron, yo no tenía la suficiente energía para seguir a la camioneta, nunca tuve la suficiente fuerza para alcanzarla.
Todo lo que hago desde ese día es dormir, para soñar, duermo para estar con ella nuevamente y duermo para soñar que despierto a contarle mis sueños.
Toda mi realidad está en segundo plano ahora.
Cuento original de Cortázar
No recuerdo cómo comenzó todo, sólo sé que me dormía observándola para soñar con ella.
Funcionaba sí, soñaba que caminábamos de la mano por un parque o que íbamos a nadar a la playa; entonces, cuando despertaba, decidía llevarla al parque y a la playa.
Pero de repente, sólo podía ver cómo se la llevaban dentro de una enorme camioneta negra, y yo corría para salvarla, pero no avanzaba, no podía ayudarla.
Y mientras la distancia entre el vehículo y mi cuerpo aumentaba, poco a poco, mis inútiles esfuerzos por moverme me consumían, me desintegraba hasta que despertaba.
Entonces decidí dejar de observarla al acostarme, pero la pesadilla seguía ahí.
Hacia setenta y dos horas que no dormía, ella me regañaba por eso, pero yo sentía toda mi realidad en un segundo plano a causa de mi falta de sueño.
Eventualmente ese día llego; el día que la llevaron, yo no tenía la suficiente energía para seguir a la camioneta, nunca tuve la suficiente fuerza para alcanzarla.
Todo lo que hago desde ese día es dormir, para soñar, duermo para estar con ella nuevamente y duermo para soñar que despierto a contarle mis sueños.
Toda mi realidad está en segundo plano ahora.
Cuento original de Cortázar
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