martes, 26 de septiembre de 2017

Nuestros gritos

No sé por donde empezar. Por primera vez en mucho tiempo siento que las palabras se me escapan para quedarse escondidas en una partecita de mi mente para siempre, para no sentirse expuestas, para no sentirse en peligro. Pero necesito liberarme de este nudo que cree en mi cabeza, que al fin y al cabo desata ideologías y pensamientos que terminan determinando la persona que soy hoy.
Era octubre del dos mil seis, yo tenía ocho años. Fue una de las tantas veces que fui a dormir a la casa de una de mis mejores amigas, Sofia. Tengo recuerdos muy vagos sobre ella, pero sé que me hacía reír a carcajadas y nos contábamos todo. Vivía sola con su papá, ya que su mamá tenía otra familia y la venía a visitar muy de vez en cuando. A ella le encantaba igual, su papá, Daniel, era uno de los hombres más amorosos y simpáticos que conocía; hasta mi mamá lo solía decir. Un hombre que vivía trabajando por y para su hija, le cocinaba sus comidas favoritas y la hacía escuchar sus discos preferidos todos los días. A mí también me encantaba ir a la casa de Sofi.
Ahora desde la lejanía puedo ver como no era tan perfecto todo como yo lo veía a esa edad.
Un sábado a la noche, Daniel nos cocinó papas fritas con milanesas y nos compró coca-cola, también se compró un vino para él.
No recuerdo qué estábamos viendo en la televisión después de que terminamos de comer, sé que nos reíamos, al mismo tiempo que luchábamos contra los mosquitos que nos saturaban esa noche. Comenté que me picaba la espalda, y Daniel se ofreció a rascarme. La picazón se me había terminado hace rato, pero las manos del hombre seguían tocando mi espalda. Después de un rato en el que ya me empezó a incomodar, me excuse teniendo que ir al baño y logre escapar de esa situación.
De lo que no pude escapar, fue cuando me desperté a la madrugada con esas mismas manos en mi entrepierna. Estaba muy asustada, desee estar en mi casa o al menos haber elegido el lugar de la cama que estaba contra la pared. En ese momento no entendía nada de la situación, solo sabía que quería que terminara porque no me sentía para nada bien, era abrumante, desagradable y muy incomodo. El corazón me latía muy fuerte, quería gritar pero no me salían las palabras, quería moverme para despertar a mi amiga, quería salir corriendo, necesitaba terminar con esa situación y no sabía cómo, porque solo tenía ocho años y lo único que lograba hacer era llorar en silencio. En ningún momento abrí los ojos porque me aterraba verle la cara. di media vuelta para quedar boca abajo y enredarme con las únicas sabanas que me cubrían. Daniel sacó la mano rápidamente y se fue. Yo respire.
De a partir de ese día nunca más visite a Sofia, nuestra amistad se desvaneció y la única alusión que me quedó de ella es elegir siempre el lado de la cama que está contra la pared.
Hoy, que finalmente con diecinueve años puedo escribirlo y aceptarlo realmente como fue, sin tener vergüenza, porque sé que nunca nadie más va a invadir mi cuerpo sin mi consentimiento. Porque hoy acepto toda mi persona, toda mi historia, como algo solamente mío, porque ahora soy mi única dueña. Nadie más decide sobre mí, mucho menos voy a dejar inhibirme, no importa quien sea. Voy a gritar todo lo que no pude gritar esa noche, a los que chiflan por la calle creyendo que pueden opinar sobre mi cuerpo, a los que me miran de arriba abajo como si analizaran una mercancía en oferta, a esos chicos que creen que porque estamos en un boliche pueden tocarme. A todos aquellos que me hacían querer escaparme de quién soy para dejar de sentirme acosada. Para poder caminar sin miedo, para demostrarles que ya no me condicionan. Que nunca más voy a callarme así. Por mí y por cada chica, que como yo, vivió o vive con temor solo por ser mujer. Y también por las que no pudieron dar revancha, también por las que no fueron escuchadas en su momento, y las que no están siendo escuchadas ahora.
Pueden decirnos como quieran, pueden decir que exageramos. Pueden decir todo pero ahora somos nosotras las que van a estallar su garganta antes de que cualquiera intente apoderarse de nuestro cuerpo, nuestro orgullo y nuestros derechos.

sábado, 9 de septiembre de 2017

212 días

Una vez leí que uno de los factores más crueles de nuestra vida es el tiempo, ya que no discrimina en dolores y alegrías, en corazones rotos, ni siquiera en nacimientos y muertes; sigue pasando indiferentemente a nuestra existencia, al mismo ritmo, con esa monotonía que nos abruma. Pero, me declaro culpable de ser de esos, que a pesar de tener todos los fundamentos en contra, siguen pensando que el tiempo es relativo; porque, mi amor, hace años estoy sentada acá escribiendo sobre vos y tu sonrisa, pero solo hace doscientos doce días que comenzó nuestra historia (sin tener en cuenta la vida entera que tuvimos de prólogo).
Dejame explicarte, yo no secciono mis tiempos en años, mi reloj biológico se divide en vidas, y éstas a su vez, se van separando por cada cosa que amé realmente. Por ejemplo, comenzar de que era un bebé no tiene sentido, porque no lo recuerdo. Mi memoria empieza a funcionar a partir de los nueve años más o menos, cuando por primera vez sentí amor puro por algo que yo había elegido, ahí empieza una vida; así iniciaban y finalizaban los ciclos mientras cambiaban mis pasiones y aficiones.
Por eso vos, ahora, sos una parte tan importante para mí, sos el inicio de una de mis vidas favoritas.
Volviendo un poco a esta realidad cuantitativa que nos rodea. Son cinco mil ochenta y ocho horas unidos por un título, que no cambia nada, porque las etiquetas son otro invento de las personas que nada tiene que ver con el amor.
Me gustaría tenerte acá al lado mío, porque siempre el momento donde más me inspiro es entre tus brazos.
Pocas cosas me motivan tanto como compartir cientos de vidas con vos; que seamos nosotros los escépticos respecto al tiempo, que tengamos nuestro propio calendario que no distinga estaciones ni feriados.
Eternas gracias por esto, por la medicina de tus labios que me cura los miedos, por detener este mundo que me agobia con tanto movimiento, por combinarte con la lluvia para entregarme toda la paz que necesito, por hacerme llorar de felicidad, y por volverme a elegir cada día, a pesar de todo.

Te amo por esta vida y espero que por muchas más. 

viernes, 25 de agosto de 2017

Ciclo.

Intentando encontrarle respuesta a todo, como siempre. Llegue a la conclusión que vos sos el big bang de toda mi persona, cómo fuiste evolucionando en distintos aspectos de mi vida para inconscientemente siempre estar presente.
Odio estar presa de este resentimiento. Sufro más que vos por no poder perdonarte, pero es que no soy yo la que tiene que hacerlo; es esa nena de ocho años a la que le rompiste el corazón incontables veces; y ella ya no está.
Me quede yo sola con esta tormenta dentro mío que destruye todo lo bueno, perpetuandome a lo dañado, a lo roto. Como si ésta alma tan estropeada pudiera salvar algo, salvar a alguien.
Después de años y años de entendimiento, de crecer, de tratar de superarte. Termino siendo igual que vos. Tantas idas y vueltas en una historia que termina siendo un puto circulo.
Toda esta tristeza que me recorre por las venas, las hago disolverse en alcohol cada fin de semana. Y todo lo que amo, es casi tan incurable como nosotros dos.
Te amo tanto, que después de todo ese dolor y toda la angustia; te sigo buscando en otras personas, en otras formas; pero nunca logro escaparme.
Es él, o sos vos, o es el otro; no importa porque acaba siendo todo lo mismo. Las desilusiones, las peleas, el amor incondicional, el veneno.
No puedo salir de este ciclo porque es parte de lo que soy; quizás por eso prefiero salvar a todo el mundo antes de fallar intentado salvarme a mí.
Desde que nací hasta el día de hoy tengo esta obsesión con todo lo que está corrompido, por ahí estoy buscando esas partes que me faltan, intentando sentirme completa de alguna manera.
Ahora entiendo, que quizás cuando logre perdonarte, finalmente dejarte ir; es en ese momento en el que voy a comenzar mi propio camino.



miércoles, 16 de agosto de 2017

Sobre idas y vueltas

Volviste tan repentinamente como te fuiste.
En menos de cinco segundos, lograste desequilibrar todo este mundo que hace años llevo construyendo. Que egoísta de tu parte, dejar que te ame tanto y aparecer como un fantasma en mi realidad, al que nunca voy a poder enterrar. Sos la encarnación de mi pasado destruyendo  mi presente, una y otra vez.
Que magia que tenes, para convertirme nuevamente en la nena de 16 años que se moría por probar tus besos, que tenía como único hogar tus brazos y que solo encontraba paz en tu voz. Es como si no hubiera pasado el tiempo, como si no hubiera pasado toda una vida en el medio.
Hoy, después de tres años, seguís teniendo el control de mi ritmo cardíaco.
Cuando te fuiste, de un día para el otro, tarde miles de libros, miles de cafés y miles de lágrimas en dejarte ir. Porque crecimos juntos para que después me dejaras estancada en un lapso de días y días interminables. ¿Lo sentiste cómo yo? Perderme digo. ¿Te dolió igual?
Ahora venís de la nada a abrazarme y desestabilizarme.
Te veo, tiemblo, lloro y mi sistema colapsa. Mi corazón está por explotar pero mi mente queda paralizada. Sigo parada inclusive sin sentir mis piernas. Y corro a vos sin pensar en las consecuencias ni en toda la historia que nos va a seguir separando aunque sea imposible que nuestros cuerpos estén más cercanos en este instante. Reacciono gracias a tu calor corporal que me recuerda absolutamente todo, porque casi se siente como mi hogar otra vez, pero no. Nada es lo mismo.
Esta vez no voy a elegirte. Porque me prefiero a mí. Porque te vas a ir otra vez, a crear mundos con tu sonrisa. Pero yo soy la que se queda acá, destruida. Esta vez no te lo permito.
Yo vuelvo a mí misma, quizás no sea tan perfecto como lo sos vos, pero al menos es estable. Voy a hacer que funcione.
Porque vos, mi eterno amor, no fuiste creado para una ciudad mediocre ni para que la burocracia te encierre en una oficina. Vos estás para dar luz a todo lo que olvido brillar y curar cada corazón roto (excepto el mío) que se esconda en el mundo.
Y yo, me quedo aca. Para luchar por mí y lo que amo. Para crecer, avanzar y cambiar todo lo que  me dañe (excepto a vos).
A la distancia, cada uno por su lado, va a seguir su camino.
Y hoy, que volviste, te dejo ir.

jueves, 10 de agosto de 2017

Miedo.

Es que me enseñaron a vivir con miedo, y aunque luche para convercerme de que eso no me condiciona, sí lo hace.
Estoy tan enamorada de vos, pero que miedo me das.
Tengo terror a que puedas usar todo lo que me conoces en mi contra.
Me horriza pensar en que puedas juzgarme por mi pasado después de ser vos mismo el que me curaste.
Tengo miedo de lo adicta que soy de vos, de cómo podes jugar conmigo, e inclusive hacerme sufrir si te apetece.
Miedo al poder que te otorgue, el poder en mi vida.
Me espanta la idea de que seas como todos, que seas uno más.
A perder nuestra confianza, a perder nuestra historia. A perder cada beso, cada abrazo y cada sonrisa por un desliz,  por una pequeña insuficiencia.
Tengo miedo a tener que vivir con tu traición ¿Cómo lo haría? Si sos mi única cura a todo.
Tengo miedo de perderte y que con vos se vaya la mejor versión de mí. De quedarme vacía nuevamente.
Pero lo que más pavor me causa, es verme obligada a vivir en una realidad donde ya no estes.
Cuando sos el único que calla cada uno de mis demonios, encerrándolos con tus labios y llevándote todo lo que me aprisiona.
Sos lo mejor que me paso y mi más grande temor.

domingo, 18 de junio de 2017

Nuestro veneno

Cada vez que estamos juntos, cuando nos estamos besando, cuando nos abrazamos, cuando siento tus manos por mi cuerpo o veo nuestros dedos entrelazados, tengo la necesida de escribirlo. ¿Hay algo mejor que estar con una persona que te inspire? Porque para mí no. Sos de otro mundo, uno parecido al mío, pero un poco más peligroso. Y me encantas. Me encantan tus manos y como se sienten sobre mi piel, me gustan hasta cada uno de tus movimientos. Me fascina tu boca, mirarte cuando hablas o cuando dormis. Me gusta el cosquilleo que siento en las manos cuando te acaricio la cara a causa de tu barba, me encanta tocarte, sentirte. Me parece lindo hasta tu humor ¿sabes? me haces sentir bien, me haces feliz; me siento cómoda teniendote al lado mío. Amo tu escencia, abrazarte y sentir el dulce perfume de las mil historias mezclado con el agrio olor a tabaco. Odio los cigarrilos, todo lo que representan; pero en vos todo parece menos trágico, menos destructivo. Me gustaría ser yo, por la que te enloqueces, la que necesitas, tu droga. me gustaría ser yo lo que recorra por tus venas, creeme que puedo llegar a ser así de tóxica. Me gustaría ser solo yo, todo el tiempo. Porque soy una egoísta, y quiero que sea solo mi veneno el que te consuma.

12 enero 2017

Creo

Cuando digo que no creo en Dios, la gente lo relaciona directamente con que soy atea. Justo yo. Soy una creyente con cada célula de mi cuerpo.
Creo infinitamente más de lo  que soy.
Mi Dios, mi fé, mi esperanza, mi salvación, mi todopoderoso, está repartido por todo el mundo en diferentes formas, colores y maneras.
Yo creo ciegamente en todo lo que amo.
Creo en esa canción que me eriza la piel.
Creo en mis perros y en su bienvenida cada vez que llego a casa.
Creo en mi hermano, mi alfa, mi guia, mi sosten desde el día en que naci, mi compañero de vida.
Creo en los libros que me hacen sentir con cada parte de mi persona.
Creo en la belleza y en la naturaleza; creo en las Cataratas que visite con mi papá en unas vacaciones y en los paisajes de Cordoba por los que recorrimos con mi familia.
Creo en el sentir, en el cerebro humano, en nosotros mismos; en la magia de la evolución, en lo eterno del universo, creo en las estrellas y que somos parte de ellas.
Creo con locura en la literatura,en el arte, en la expresión del alma.
Creo en la comunicación y en los abrazos.
Creo en la pasión, por un deporte, por un trabajo, por otra persona.
Creo en la electricidad que me causan los besos de mi novio.
Creo en los domingos de asado en familia y las risas de mis amigas a las nueve de la mañana.
Dios está en cada pedacito de mi felicidad y está en mi fuerza.
Creo en todo lo que me inspira.
Creo en todo lo que me genera ganas de escribir y en todo lo que me abruma hasta dejarme sin palabras.
Soy creyente de lo que amo.