Gracias. Gracias por todo ese dolor.
Ese que me demandó tanta atención que me vi obligada a explorar nuevas maneras de escribir para poder darle una forma, lograr describirlo, expresarlo como sea para poder sacarlo de mi cuerpo.
Pero principalmente, porque aprendí que la poesía se lee mejor teniendo el alma rota, dejándola pasear por tus heridas hasta hacerlas cicatrizar.
Porque entendí, que esta fue escrita para sentirse y no para analizarse.
Me abrió la puerta al inframundo más hermoso que tiene la literatura.
Ahora la puedo disfrutar de verdad.
Es claramente, una manifestación de cada pedazo del corazón.
Por eso a veces encontramos algunas que riman, otras que no tanto.
No se rige por reglas, puede perder su forma pero jamas su esencia.
Te puede mezclar lo físico con lo emocional.
Lo celestial con lo terrenal.
La realidad con los sueños.
Te separa el tiempo del espacio.
Te separa el cuerpo del alma.
Lograr apreciar la poesía por lo que es, me ilumino la vida hasta el fin de mis días.
Y por eso les agradezco, porque nunca podría haber logrado disfrutarla así estando sana y feliz.
A la poesía no la cambio por nada.
Cuando la leo, la siento recorriendo mis venas, acoplándose a mi ADN. La veo construyendo mi camino, ayudándome a avanzar, a conocerme a mi misma. La escucho aumentando mi entropia y rompiendo todos los contratos sociales.
Me arma y desarma a su gusto. Otra vez vuelvo a ser su musa.
Y que bien se siente entregarme completamente a ella. Porque me enseño a amar(me) de verdad.
No querría una vida vacía de sus versos.
Y no lo podría haber logrado sin que me rompieran el corazón.
jueves, 29 de agosto de 2019
jueves, 18 de julio de 2019
I. Un poema para mi hermano
Sé cuanto te pesa
veo el dolor que arrastras,
ese con el que levantas todos los días
y esa mochila enorme
con la que llegas a casa en cada vuelta.
Veo en las bolsas de tus ojos,
en la temblequera de tu pierna
en el titubeo de tus labios,
te veo.
Te entiendo.
Ojala pudiera sacártelo todo de encima,
ojala pudiéramos cambiar de lugar.
Ojala pudieras pasarme toda esa responsabilidad,
sé que soy más chica
pero por vos levantaría el peso del mundo entero.
Por vos, todo.
Por vos moriría hoy
si me lo pidiesen.
Perdón por no ser suficiente,
por no poder ayudarte.
Vos te despertas cada día con más cansancio,
yo me levanto cada día con más tristeza.
Así convivimos,
así sobrevivimos.
Me duelen estas cuatro paredes
tanto como a vos.
Me duele la comida que falta,
la plata que nunca alcanza.
Me quema la existencia pensar
en que hoy no estoy ayudando a mi familia,
no estoy ayudándote.
Es que doy todo lo que tengo,
y lo que no también.
Todo lo que conozco,
todo lo que amo,
todo lo que me importa,
lo entregaría sin pensarlo dos veces,
solo para que tengas una noche de paz,
para que puedas dormir tranquilo
al menos
una vez.
Y es que cada vez,
cada día,
que me despierto derrotada,
miro hacia tu almohada
veo que ya no estas,
que ya saliste, otra vez,
a dar pelea.
Y me obligo a levantarme,
porque me inspiras,
a ser mejor persona
a reinventarme.
Te amo desde antes de saber
como pronunciar esas palabras.
Desde que me enseñaste a atarme los cordones,
o cuando me agarraste la mano,
y me llevaste a cruzar
todas esas avenidas.
Ni los titulos,
ni los sueldos,
ni las notas
van a poder definirte.
Estas más allá,
de cualquier número
de todas las etiquetas.
¿Qué saben todos ellos?
Si no tienen idea,
de el sonido de lluvia que necesitas
para estar en silencio un ratito.
O la cerveza con la que festejas solo
cada vez que aprobas.
Si no saben como funciona tu cabeza,
cuando a las tres tenes turno con el médico,
a las cuatro entras a trabajar
y a las cuatro y cuarto tenes que rendir.
Para llegar a casa, antes de la cinco
para ir a comprar
lo que vamos a comer.
Espero que sepas,
que cada vez que te miro,
te estoy viendo de verdad.
Te entiendo,
y sé que mi abrazo no puede solucionarlo todo.
Pero acá estoy,
para sostenerte
cada vez que no puedas más.
Porque ya no me importan
todas es peliculas,
ni esas series que miras.
Fabian,
vos sos mi superhéroe
en la vida real.
veo el dolor que arrastras,
ese con el que levantas todos los días
y esa mochila enorme
con la que llegas a casa en cada vuelta.
Veo en las bolsas de tus ojos,
en la temblequera de tu pierna
en el titubeo de tus labios,
te veo.
Te entiendo.
Ojala pudiera sacártelo todo de encima,
ojala pudiéramos cambiar de lugar.
Ojala pudieras pasarme toda esa responsabilidad,
sé que soy más chica
pero por vos levantaría el peso del mundo entero.
Por vos, todo.
Por vos moriría hoy
si me lo pidiesen.
Perdón por no ser suficiente,
por no poder ayudarte.
Vos te despertas cada día con más cansancio,
yo me levanto cada día con más tristeza.
Así convivimos,
así sobrevivimos.
Me duelen estas cuatro paredes
tanto como a vos.
Me duele la comida que falta,
la plata que nunca alcanza.
Me quema la existencia pensar
en que hoy no estoy ayudando a mi familia,
no estoy ayudándote.
Es que doy todo lo que tengo,
y lo que no también.
Todo lo que conozco,
todo lo que amo,
todo lo que me importa,
lo entregaría sin pensarlo dos veces,
solo para que tengas una noche de paz,
para que puedas dormir tranquilo
al menos
una vez.
Y es que cada vez,
cada día,
que me despierto derrotada,
miro hacia tu almohada
veo que ya no estas,
que ya saliste, otra vez,
a dar pelea.
Y me obligo a levantarme,
porque me inspiras,
a ser mejor persona
a reinventarme.
Te amo desde antes de saber
como pronunciar esas palabras.
Desde que me enseñaste a atarme los cordones,
o cuando me agarraste la mano,
y me llevaste a cruzar
todas esas avenidas.
Ni los titulos,
ni los sueldos,
ni las notas
van a poder definirte.
Estas más allá,
de cualquier número
de todas las etiquetas.
¿Qué saben todos ellos?
Si no tienen idea,
de el sonido de lluvia que necesitas
para estar en silencio un ratito.
O la cerveza con la que festejas solo
cada vez que aprobas.
Si no saben como funciona tu cabeza,
cuando a las tres tenes turno con el médico,
a las cuatro entras a trabajar
y a las cuatro y cuarto tenes que rendir.
Para llegar a casa, antes de la cinco
para ir a comprar
lo que vamos a comer.
Espero que sepas,
que cada vez que te miro,
te estoy viendo de verdad.
Te entiendo,
y sé que mi abrazo no puede solucionarlo todo.
Pero acá estoy,
para sostenerte
cada vez que no puedas más.
Porque ya no me importan
todas es peliculas,
ni esas series que miras.
Fabian,
vos sos mi superhéroe
en la vida real.
domingo, 30 de junio de 2019
hay algo roto dentro de mí.
¿podes venir a curarme un ratito?
sé que estas muy ocupado
y ningún doctor me recetó tu abrazo,
pero acá acostada
en tanto frío y soledad
siento que sos el único capaz de
sanarme
un poquito.
no puedo ni siquiera dormir
o pensar.
sos vos
todo el tiempo
y como duele
la manera que tenes de estar
pero nunca presente.
como me doles esta noche.
lunes, 17 de junio de 2019
Tercer día
Es el tercer día consecutivo que llueve. Está todo mojado y gris. No paran de caer gotas.
¿Quién puso al cielo tan triste? ¿Qué le hicieron que no puede dejar de llorar?
De todas formas, a este clima le pertenezco. Es como si fueran los únicos momentos en los que estoy en sintonía con el mundo.
"Lo malo no es tener una ilusión, lo malo es ilusionarse" acabo de leer en este libro.
Todavía me duele insaciablemente el pecho con cada movimiento ¿por qué será?
Afuera hay mucho viento y pocos grados, pero yo, acá adentro, jamás me sentí más refugiada.
Tengo las mantas sobre mis piernas y el amor por vos sobre todo mi cuerpo. Estas durmiendo tan alejado de esta realidad y de mis palabras; pero tus brazos siguen acá, aferrados a mi cintura. Me gustaría saltar dentro de tus pestañas y zambullirme en tu cabeza. Comenzar una nueva vida en ese brillito blanco que se ven en tus pupilas cada vez que despertas.
Levante la mirada del libro, te vi y pensé "Es que yo también quiero hacer literatura con esta obra de arte" Así es como termine escribiendo esto.
Te escribo para que perdures. Porque como esta lluvia, los momentos y los sentimientos, terminan o cambian, evolucionan, mutan.
Va a haber un tiempo en que reconozcamos esto como pasado y lo recordemos con nostalgia por todo lo que ya no es lo mismo.
Todo, excepto estas palabras de las que me adueñe hoy. Ellas están acá, seguirán siendo las mismas sin importar que ojos las lean o que clima haya detrás de la ventana.
Estoy lista para que la vida me sorprenda e inclusive que nos robe los versos que nos quedan (pero jamás los besos).
No me importa nada, mientras tus manos sigan sosteniendo mi cintura.
¿Quién puso al cielo tan triste? ¿Qué le hicieron que no puede dejar de llorar?
De todas formas, a este clima le pertenezco. Es como si fueran los únicos momentos en los que estoy en sintonía con el mundo.
"Lo malo no es tener una ilusión, lo malo es ilusionarse" acabo de leer en este libro.
Todavía me duele insaciablemente el pecho con cada movimiento ¿por qué será?
Afuera hay mucho viento y pocos grados, pero yo, acá adentro, jamás me sentí más refugiada.
Tengo las mantas sobre mis piernas y el amor por vos sobre todo mi cuerpo. Estas durmiendo tan alejado de esta realidad y de mis palabras; pero tus brazos siguen acá, aferrados a mi cintura. Me gustaría saltar dentro de tus pestañas y zambullirme en tu cabeza. Comenzar una nueva vida en ese brillito blanco que se ven en tus pupilas cada vez que despertas.
Levante la mirada del libro, te vi y pensé "Es que yo también quiero hacer literatura con esta obra de arte" Así es como termine escribiendo esto.
Te escribo para que perdures. Porque como esta lluvia, los momentos y los sentimientos, terminan o cambian, evolucionan, mutan.
Va a haber un tiempo en que reconozcamos esto como pasado y lo recordemos con nostalgia por todo lo que ya no es lo mismo.
Todo, excepto estas palabras de las que me adueñe hoy. Ellas están acá, seguirán siendo las mismas sin importar que ojos las lean o que clima haya detrás de la ventana.
Estoy lista para que la vida me sorprenda e inclusive que nos robe los versos que nos quedan (pero jamás los besos).
No me importa nada, mientras tus manos sigan sosteniendo mi cintura.
domingo, 9 de junio de 2019
cómo puede morir nuestro amor
si está escrito
en estas páginas
- rupi kaur
Estuve enredándome entre tus palabras todo el día, me siento un poco perdida. Necesito que vengas y me des un beso con esa lengua filosa que te representa, veni y dale una forma a todo el lenguaje que tengo dentro de mi boca.
Acompañame a construir con palabras.
Vamos a crear arte, a rimar con cosas que jamas existieron, a llamarnos con distintos nombres y olvidar todo lo que nos enseñaron.
Quiero que nos vean y digan que somos poesía respirando.
Quiero sostener tu mano y todos los planetas que te habitan. Te doy mi cuerpo, te doy mis coordenadas, te invito a conocer todas mis galaxias.
Es que son las dos de la mañana, y te me escapas por los dedos, por los ojos, por los pulmones.
No te quiero encerrar acá porque sé que naciste para decir y demostrar.
Solo necesito un abrazo, uno que ponga todo en su lugar, uno que me acomode, uno que me abrigue en este triste invierno.
Te comparto con un beso todas las letras que me quedaron, quizás vos puedas encontrarles algún sentido que yo ya no puedo saborear.
Es que ni siquiera me duele, mi amor, porque esto que sentimos va más allá de lo conocido, rompe con lo trivial y atraviesa con todo lo impuesto. Qué importa lo que digan. Si cuando nos miramos podemos descubrir todos los secretos que nos guardaba el universo.
Cuanto estaría necesitando que me acomodes un poco el alma así como solo vos sabes hacer; el resto después veo como lo soluciono, pero a veces parece que solo metida entre tus brazos puedo encontrar la inspiración.
Otra vez me siento acá e intento convertirte en un texto, pero se me deforma, se me transforma, te me perdes entre los versos y no puedo alcanzarte. Termino empezando con el final y después no sé cómo terminar.
Después me acuerdo, que todo tiene sus propias razones. Porque al fin y al cabo, sos el único que me puede hacer acabar.
Se me mezclan los conceptos, confundo tu cuerpo con países, tus ojos me recuerdan a una canción que escuche cuando era chica y tus labios tienen mismo sabor que mi vodka favorito.
Escribirte me quema las manos, me vuelve olvidadiza, me hace mezclarme los cinco sentidos y empiezo a escucharte por los ojos, a verte con la manos, a sentirte solo con el sonido de tu voz.
Como se me complica cuando te tengo en frente, pero ya no me importa. Veni con esa lengua que parece una navaja, porque hoy desperté hecha de agua así que no me duele sentirte.
x
un poema para desvertirte
con el fuego en tus ojos,
ya sé que se está viniendo,
es el fin de nosotros.
te recorro el cuello
las venas
las clavículas
te llevo hasta el cielo
te saboreo cada partícula.
camino por tu sien
aprendí a moverme con la lengua
me meto en tu piel
me devoro tus certezas.
veo la batalla en tu sangre
tus manos comienzan a transitarme
hay una revolución dentro de mí
ya me falta el aire.
necesito conocer
todos los lugares que te habitan
ahorcame con tus ramas
atravesame
y haceme infinita.
me olvido hasta mi nombre
solo me acuerdo de tu boca
mientras te repito al oído
"como yo nunca te lo hará otra"
martes, 28 de mayo de 2019
veintiocho de mayo, al congreso otra vez
Abro los ojos por quinta vez dando vueltas en la cama, no logro
conciliar el sueño.
Entonces me levanto, pero me
duele todo, me pesa.
Mis brazos se convirtieron en
plomo, llevo una armadura encima. Me cuesta caminar, pero sigo.
Comprendo lo que pasa. Así nos
levantamos miles de mujeres hoy.
Porque otra vez, vamos al
Congreso a conquistar nuestros derechos.
Y no solo llevamos nuestro
cuerpo, como arma para defendernos sino que también hoy, es el mismísimo campo
de guerra.
Y como duele, porque sentimos
sobre nuestras espaldas el peso de todas las mujeres que hoy ya no tienen voz,
las que no pudieron elegir.
Y que fácil es hacer que nos
vean, pero que difícil es conseguir que nos escuchen.
Mis venas y mi sangre, se
sienten en tensión todo el tiempo.
Claro, ya recuerdo como era,
cuando nos dábamos cuenta que la decisiones las tomaban, todos esos, a los que
nunca les faltó un plato de comida para sus hijos, a los que nunca los abandono
un padre, a los que nunca van a gestar.
Me pregunto qué hacen el resto
del año, mientras nosotras seguimos sangrando en la cama de un tío, en la casa
de un padre, en los golpes de un novio, en una camilla de un lugar inseguro.
Que miedo me da la palabra
clandestinidad, hace que arda mi piel, que me queme la boca.
Es como si hubiera terminado
hace años, pero los dictadores siguen acá, decidiendo sobre nuestro cuerpo,
pensándonos como una incubadora y no como personas.
Y lloro mientras desayuno,
recomponiendo las fuerzas y la voz.
Porque hoy nos vemos la cara
otra vez.
Porque no nos fuimos a ninguna
parte, siempre estuvimos acá.
Creciendo desde los árboles,
reuniéndonos debajo de tu nariz, luchando todos los días antes de entrar a
trabajar.
Empiezan las vigilias con
cuatro grados de temperatura, empiezan los choques con la policía, empiezan a
pelearnos los medios, las iglesias, los machos.
Hoy empieza de nuevo,
y nosotras
ya nos levantamos con
armadura.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)