Hoy me escribieron una de las cartas más hermosas que recibí en mi vida.
Afuera llueve y hace frío, el día esta gris, yo pertenezco. Las temperaturas bajas me obligan a recordarme que estoy viva, que tengo sangre caliente.
Me tomo un té, respondo mensajes, escucho the 1975, escribo. Ahora tengo 22 años.
Los números quieren apoderarse de mi persona, pero yo le pertenezco a las letras.
¿Cuántos poemas encima ya llevo? ¿Cuántos haikus ya grite? La cantidad de metáforas que me quedan por vivir.
Es un día más, solo que recibí una carta hermosa que dice:
Hay una mujercita en mi corazón
luchadora y segura
que conquista las calles
con su pañuelo verde
y sus certezas.
Hay una escritora,
una mujer a la que amo y admiro,
que escribe fuego en las hojas
y arde con las ganas de Galeano.
Eso dice esta carta, y yo me siento la persona más afortunada del mundo.
Feliz es porque me acompañan mis personas favoritas inclusive sin poder estar físicamente, pero el amor con el que me envuelve es tan trascendental y honesto que no cabe dentro de los cuerpos.
Hoy no intento apagar las llamas, les permito compartir una merienda conmigo y ellas me regalan claridad sobre las cosas.
Feliz cumpleaños para mí.
jueves, 23 de julio de 2020
martes, 14 de julio de 2020
Manifiesto en cuarentena II
De lo que van mis cortos casi 22 años de vida, solo me drogué con LSD tres veces. Lo que no es mucho pero suficiente como para intentar escribir sobre mi experiencia personal que es fantástica aunque cabe aclarar que todo lo que tiene de bueno también lo tiene de malo.
Es curioso porque todas esas veces también fume porro, entonces me divertía mucho en mi cabeza intentando descifrar que sensación pertenecía a qué droga. Me pasaba mínimo una hora en ese debate mental. Porque ambos me despiertan los sentidos a cierto extremo que cada detalle gana su propio protagonismo, todo es más de si mismo. Pero el LSD es algo más, no te perdes solo en tu persona sino en el universo.
Parece que lo estoy vendiendo y eso es lo último que quiero hacer porque me genera un miedo y una ansiedad tremenda, solo intento explicar con los recursos literarios que me parezcan necesarios.
No sé si tengo más pensamientos que lo normal, pero si que se sienten todos con una pesadumbre y una urgencia que pareciera ser vital. Cada pensamiento de lo más simple termina siendo de vida o muerte, como si nada pudiese proseguir si yo no soluciono o comento esa circunstancia en el momento. Eso es increíble y es justamente la razón por la que mi ansiedad se vuelve tan intensa, tan pesada, que todas la veces siento que no voy a sobrevivir. A todos les pasa, pero a las personas que llevan impaciencia, tristeza o ansias encima, es mucho peor. Es una tortura. Todo parece el fin de mundo, es solo entender la existencia de las maneras más extremas.
Cada decisión es un esfuerzo descomunal, agarrar un vaso puede ser toda una travesía y exigir un trabajo que quizás te tome solo unos segundos, pero cuando estás ahí, el tiempo ya no es lineal entonces cada acción crea su propio camino y no tenes idea de cuánto puede tardar. En el proceso de evitar tener que tomar una decisión terminas dejando las palabras en el aire o te descubris con los ojos cerrados. Nada tiene sentido. El cerebro procesa y transmite de una manera muy peculiar, a veces se me ocurre que es la única manera que tenemos de vivir una ficción, o algún tipo de experiencia incorpórea, no me refiero a algo espiritual sino más bien percibir y explayar nuestros sentidos a algo más que normalmente no podemos.
Si hay algo de lo que sí soy culpable en esta vida, es de tomar mucho alcohol. Sé lo que es estar ebria en todos los niveles posibles y puedo asegurar que no se compara bajo ningún aspecto. El alcohol te atonta, te hace olvidar, te anestesia, perdes completamente el control. El LSD te despierta, te eleva a la potencia y es adrenalina hasta en las situaciones más calmas. Me acuerdo de llegar a mi casa a las ocho de la mañana y no poder dormir porque tenía el corazón latiendo como si hubiera hecho dos horas seguidas de cardio. Para nada lindo.
Lo que sé apreciar es que no te hace olvidar, a mi personalmente, me hace más consciente de lo normal. Me hace estar constantemente persiguiendo la razón en un laberinto de información que me es imposible confiar en mis sentidos. Por eso es tan difícil la movilización y hasta poder expresarme con palabras pero no porque no pueda pensar sino que al contrario es porque estoy analizando demasiadas cosas juntas. Y todo esto lo puedo escribir, justamente gracias al hecho de que son sensaciones muy fuertes que me puedo acordar perfectamente, los caminos por donde iba mi mente, los problemas que me hacía y las soluciones que buscaba. Me acuerdo de todo.
Cuando estábamos caminando alrededor del rosedal con Leo. Era infinito. Todo alrededor era permanentemente igual (y desenfocado) entonces fue como estar intentando avanzar encima de una cinta eléctrica. Me es imposible explicarlo en palabras, solo puedo decir que después de eso puedo darme cuenta claramente como la mayoría de los artistas, muchos de los pintores famosos, estaban increíblemente drogados cuando hacían sus obras. Hay también muchas canciones y videos que no logro comprender si fueron hechos para gente bajo los efectos de estupefacientes (ignorando el hecho de que los autores probablemente sean drogadictos como prácticamente todas las personas públicas) o también esta la clara posibilidad de que simplemente todo parezca mejor, más rico, más bueno, más divertido y por eso se siente especial. No importa mucho igual.
Lo más irreal que llegue a concebir fue viajando en el colectivo. En sí decirlo ya me parece bastante increíble que una situación tan mundana se me haya hecho algo tan excepcional. Yo estaba en mi asiento pero sin embargo se sentía como si no tuviera cuerpo, me miraba las manos pero no las entendía como mías, era en realidad como si mi cuerpo tuviera seis manos entonces yo no sabía que músculo mover para controlar esas que yo estaba viendo. Entonces deje de intentar percibir mi corporalidad. Por otra parte mi oído no cuenta porque solo escuchaba o prestaba atención a mis propios pensamientos. Lo más loco era intentar descifrar que estaba pasando en la ventana como que el mundo había perdido por completo su forma, como si lo que pasara en frente mío eran imágenes en 3D que yo intentaba enfocar pero que nada tenía limites entonces era casi imposible entender el panorama, solo podía rescatar pequeños fragmentos para mantenerme ubicada en tiempo y espacio. Querer explicarlo me deja como una desquiciada total por eso todos los drogadictos hacen pintura, música o ficción. Los únicos que hacían ensayos existenciales y sensitivos al respecto eran los filósofos pero por eso mismo nadie los toma en serio.
Yo tengo la necesidad de querer controlar todo y por eso hago el análisis de cada puta cosa que pasa en mi vida, pero en realidad no es importante.
Creo que si se da en optimas condiciones puede ser un viaje literalmente extraordinario que te lleve a lugares copados e interesantes.
Si bien me parece de las experiencias más reales por ser tan sensorial y tan entretenido, placentero en todo lo que es bueno. En mi personalidad también es abrumador y sofocante.
El ying y el yang. No se puede todo.
*Aclaración de que esto no fue escrito bajo los efectos de ningún estupefaciente que altere mis sentidos.
Es curioso porque todas esas veces también fume porro, entonces me divertía mucho en mi cabeza intentando descifrar que sensación pertenecía a qué droga. Me pasaba mínimo una hora en ese debate mental. Porque ambos me despiertan los sentidos a cierto extremo que cada detalle gana su propio protagonismo, todo es más de si mismo. Pero el LSD es algo más, no te perdes solo en tu persona sino en el universo.
Parece que lo estoy vendiendo y eso es lo último que quiero hacer porque me genera un miedo y una ansiedad tremenda, solo intento explicar con los recursos literarios que me parezcan necesarios.
No sé si tengo más pensamientos que lo normal, pero si que se sienten todos con una pesadumbre y una urgencia que pareciera ser vital. Cada pensamiento de lo más simple termina siendo de vida o muerte, como si nada pudiese proseguir si yo no soluciono o comento esa circunstancia en el momento. Eso es increíble y es justamente la razón por la que mi ansiedad se vuelve tan intensa, tan pesada, que todas la veces siento que no voy a sobrevivir. A todos les pasa, pero a las personas que llevan impaciencia, tristeza o ansias encima, es mucho peor. Es una tortura. Todo parece el fin de mundo, es solo entender la existencia de las maneras más extremas.
Cada decisión es un esfuerzo descomunal, agarrar un vaso puede ser toda una travesía y exigir un trabajo que quizás te tome solo unos segundos, pero cuando estás ahí, el tiempo ya no es lineal entonces cada acción crea su propio camino y no tenes idea de cuánto puede tardar. En el proceso de evitar tener que tomar una decisión terminas dejando las palabras en el aire o te descubris con los ojos cerrados. Nada tiene sentido. El cerebro procesa y transmite de una manera muy peculiar, a veces se me ocurre que es la única manera que tenemos de vivir una ficción, o algún tipo de experiencia incorpórea, no me refiero a algo espiritual sino más bien percibir y explayar nuestros sentidos a algo más que normalmente no podemos.
Si hay algo de lo que sí soy culpable en esta vida, es de tomar mucho alcohol. Sé lo que es estar ebria en todos los niveles posibles y puedo asegurar que no se compara bajo ningún aspecto. El alcohol te atonta, te hace olvidar, te anestesia, perdes completamente el control. El LSD te despierta, te eleva a la potencia y es adrenalina hasta en las situaciones más calmas. Me acuerdo de llegar a mi casa a las ocho de la mañana y no poder dormir porque tenía el corazón latiendo como si hubiera hecho dos horas seguidas de cardio. Para nada lindo.
Lo que sé apreciar es que no te hace olvidar, a mi personalmente, me hace más consciente de lo normal. Me hace estar constantemente persiguiendo la razón en un laberinto de información que me es imposible confiar en mis sentidos. Por eso es tan difícil la movilización y hasta poder expresarme con palabras pero no porque no pueda pensar sino que al contrario es porque estoy analizando demasiadas cosas juntas. Y todo esto lo puedo escribir, justamente gracias al hecho de que son sensaciones muy fuertes que me puedo acordar perfectamente, los caminos por donde iba mi mente, los problemas que me hacía y las soluciones que buscaba. Me acuerdo de todo.
Cuando estábamos caminando alrededor del rosedal con Leo. Era infinito. Todo alrededor era permanentemente igual (y desenfocado) entonces fue como estar intentando avanzar encima de una cinta eléctrica. Me es imposible explicarlo en palabras, solo puedo decir que después de eso puedo darme cuenta claramente como la mayoría de los artistas, muchos de los pintores famosos, estaban increíblemente drogados cuando hacían sus obras. Hay también muchas canciones y videos que no logro comprender si fueron hechos para gente bajo los efectos de estupefacientes (ignorando el hecho de que los autores probablemente sean drogadictos como prácticamente todas las personas públicas) o también esta la clara posibilidad de que simplemente todo parezca mejor, más rico, más bueno, más divertido y por eso se siente especial. No importa mucho igual.
Lo más irreal que llegue a concebir fue viajando en el colectivo. En sí decirlo ya me parece bastante increíble que una situación tan mundana se me haya hecho algo tan excepcional. Yo estaba en mi asiento pero sin embargo se sentía como si no tuviera cuerpo, me miraba las manos pero no las entendía como mías, era en realidad como si mi cuerpo tuviera seis manos entonces yo no sabía que músculo mover para controlar esas que yo estaba viendo. Entonces deje de intentar percibir mi corporalidad. Por otra parte mi oído no cuenta porque solo escuchaba o prestaba atención a mis propios pensamientos. Lo más loco era intentar descifrar que estaba pasando en la ventana como que el mundo había perdido por completo su forma, como si lo que pasara en frente mío eran imágenes en 3D que yo intentaba enfocar pero que nada tenía limites entonces era casi imposible entender el panorama, solo podía rescatar pequeños fragmentos para mantenerme ubicada en tiempo y espacio. Querer explicarlo me deja como una desquiciada total por eso todos los drogadictos hacen pintura, música o ficción. Los únicos que hacían ensayos existenciales y sensitivos al respecto eran los filósofos pero por eso mismo nadie los toma en serio.
Yo tengo la necesidad de querer controlar todo y por eso hago el análisis de cada puta cosa que pasa en mi vida, pero en realidad no es importante.
Creo que si se da en optimas condiciones puede ser un viaje literalmente extraordinario que te lleve a lugares copados e interesantes.
Si bien me parece de las experiencias más reales por ser tan sensorial y tan entretenido, placentero en todo lo que es bueno. En mi personalidad también es abrumador y sofocante.
El ying y el yang. No se puede todo.
*Aclaración de que esto no fue escrito bajo los efectos de ningún estupefaciente que altere mis sentidos.
domingo, 12 de julio de 2020
Si tuviera plata la gastaría en poesía
porque necesito ese abrazo de amor sincero y desinteresado.
Flor me mandó un fernet de su parte,
y ese fernet es como Flor
porque me alegra,
me hace bailar
y olvidarme de todo lo que duele.
Pero el fernet se termina,
Flor no está
y el invierno sigue siendo completamente devastador con mi cuerpo triste y vacío.
lunes, 29 de junio de 2020
Frases que escuche esta semana
- No nos ponemos tristes porque llueve. En realidad, llueve porque estás triste.
- Cuando murió mi perrita, Romina no sabes cómo estaba, no quería ni comer, yo le decía "Dale, tenes que comer, sos mi hija y me vas a hacer caso". Ella me gritaba "¡Y ella era mi hija!"
- ¿Cómo esta Casti?
- Más allá de lo que pueda haber hecho yo, él está acá porque tiene ganas de vivir, él y su fuerza.
- Me da mucha impotencia estar lejos y no poder ayudar.
-"Yo por ustedes haría lo que sea"
-Vamos a hacer todo lo posible para que él no sufra.
- Acá estamos todos rezándole a San Roque.
- ¿Qué te pasa mi negro? Decinos así te podemos ayudar.
- "Cuida a tu mamá, ella es fuerte, nunca muestra debilidad, pero ahora se nota que esta pasando mal"
- ¡Hijo, fíjate, no está respirando bien!
- No podemos esperar más.
- Es la primera vez en toda su vida que duerme lejos de nosotros, mira si piensa que lo abandonamos.
- Con amor y paciencia lo vamos a cuidar.
- "No puede ser, ayer salvé a un perro que ya le había dejado de latir el corazón. Y él, que llego caminando ¡Y hasta me mordió! No puede ser que no lo podamos curar."
- Yo solo quiero que mi perrito este bien.
- Somos nosotros cuatro contra el mundo.
- Te amo con la vida mi negro hermoso.
- "Ya sé que están todos nerviosos, pero tienen que tranquilizarse porque él se da cuenta"
- No nos alcanza.
- Él es fuerte, resiste y resiste.
- ¡Dale Casti, tenes que ponerte bien!
- Y ella la miraba a Gala, que ya no se podía ni parar, se enojaba, le gritaba "¡Levantate, dale, si vos podes!", pero mi perrita estaba en las últimas.
- Que sea lo que Dios quiera.
Y en el silencio de la noche, cuando nadie nos vigila, yo le confieso "No tome muchas buenas decisiones en mi vida, pero haberte traído a casa siempre va a ser la mejor. No tengo miedo de dejarte ir, bebé, tengo miedo de dejarte sufrir."
- Cuando murió mi perrita, Romina no sabes cómo estaba, no quería ni comer, yo le decía "Dale, tenes que comer, sos mi hija y me vas a hacer caso". Ella me gritaba "¡Y ella era mi hija!"
- ¿Cómo esta Casti?
- Más allá de lo que pueda haber hecho yo, él está acá porque tiene ganas de vivir, él y su fuerza.
- Me da mucha impotencia estar lejos y no poder ayudar.
-"Yo por ustedes haría lo que sea"
-Vamos a hacer todo lo posible para que él no sufra.
- Acá estamos todos rezándole a San Roque.
- ¿Qué te pasa mi negro? Decinos así te podemos ayudar.
- "Cuida a tu mamá, ella es fuerte, nunca muestra debilidad, pero ahora se nota que esta pasando mal"
- ¡Hijo, fíjate, no está respirando bien!
- No podemos esperar más.
- Es la primera vez en toda su vida que duerme lejos de nosotros, mira si piensa que lo abandonamos.
- Con amor y paciencia lo vamos a cuidar.
- "No puede ser, ayer salvé a un perro que ya le había dejado de latir el corazón. Y él, que llego caminando ¡Y hasta me mordió! No puede ser que no lo podamos curar."
- Yo solo quiero que mi perrito este bien.
- Somos nosotros cuatro contra el mundo.
- Te amo con la vida mi negro hermoso.
- "Ya sé que están todos nerviosos, pero tienen que tranquilizarse porque él se da cuenta"
- No nos alcanza.
- Él es fuerte, resiste y resiste.
- ¡Dale Casti, tenes que ponerte bien!
- Y ella la miraba a Gala, que ya no se podía ni parar, se enojaba, le gritaba "¡Levantate, dale, si vos podes!", pero mi perrita estaba en las últimas.
- Que sea lo que Dios quiera.
Y en el silencio de la noche, cuando nadie nos vigila, yo le confieso "No tome muchas buenas decisiones en mi vida, pero haberte traído a casa siempre va a ser la mejor. No tengo miedo de dejarte ir, bebé, tengo miedo de dejarte sufrir."
domingo, 28 de junio de 2020
14.00 hs
Fue una semana difícil.
Días grises, casi negros, nubes de cenizas, temperaturas frías, vientos desgarradores. Imposible descansar o estar tranquilos, con tanta tormenta acechando.
Ahora mejoro, el sol nos abraza, caminamos por el patio porque los días así hay que saborearlos. Hoy (él) esta lindo.
Lo que me da la certeza que Castiel controla el clima, aunque más correcto sería decir que están intensamente conectados, una conexión inquebrantable, una relación ligada a las mismas alegrías y dolencias; una unión en la salud y en la enfermedad.
Por eso, es de fundamental importancia, cueste lo que cueste, salvarlo, porque de eso depende la supervivencia del resto del mundo.
21.00 hs
Las noches de invierno son despiadadas. No le importa congelarnos, despedazarnos, destruirnos. Es inmune a todo el esfuerzo que le pueda poner la estufa para calentarnos un ratito.
El frío me tiene paralizada y me inunda de tristeza.
Que dolor cuando tu propia casa no se siente segura.
Anoche, cuando recién pude hablar, comentamos con Flor "Esta siendo el fin del mundo más estresante y largo que se pueda imaginar, Dios eligió una tortura lenta para la humanidad"
Estas horas nos lastiman mucho, desde ya sé que nadie va a poder dormir.
Otra noche apocalíptica, otras incertidumbres que alimentar.
Fue una semana difícil.
Días grises, casi negros, nubes de cenizas, temperaturas frías, vientos desgarradores. Imposible descansar o estar tranquilos, con tanta tormenta acechando.
Ahora mejoro, el sol nos abraza, caminamos por el patio porque los días así hay que saborearlos. Hoy (él) esta lindo.
Lo que me da la certeza que Castiel controla el clima, aunque más correcto sería decir que están intensamente conectados, una conexión inquebrantable, una relación ligada a las mismas alegrías y dolencias; una unión en la salud y en la enfermedad.
Por eso, es de fundamental importancia, cueste lo que cueste, salvarlo, porque de eso depende la supervivencia del resto del mundo.
21.00 hs
Las noches de invierno son despiadadas. No le importa congelarnos, despedazarnos, destruirnos. Es inmune a todo el esfuerzo que le pueda poner la estufa para calentarnos un ratito.
El frío me tiene paralizada y me inunda de tristeza.
Que dolor cuando tu propia casa no se siente segura.
Anoche, cuando recién pude hablar, comentamos con Flor "Esta siendo el fin del mundo más estresante y largo que se pueda imaginar, Dios eligió una tortura lenta para la humanidad"
Estas horas nos lastiman mucho, desde ya sé que nadie va a poder dormir.
Otra noche apocalíptica, otras incertidumbres que alimentar.
martes, 23 de junio de 2020
Pablo nos dijo que escribamos una carta de amor como si estuviéramos parados en un edificio que se esta prendiendo fuego, con nuestra más sincera y pura honestidad, con el corazón en la mano.
Creí que no podía hacerlo real, porque no estoy enamorada.
Sin embargo, ahora vos sos el que esta en llamas y yo me estoy consumiendo.
Siento que tu vida se me va si te pierdo un segundo de vista.
No puedo pensar en otra cosa porque no existe algo más que no seas vos.
Te extraño, volvé a mí.
Todavía nos quedan muchas historias por contar.
Creí que no podía hacerlo real, porque no estoy enamorada.
Sin embargo, ahora vos sos el que esta en llamas y yo me estoy consumiendo.
Siento que tu vida se me va si te pierdo un segundo de vista.
No puedo pensar en otra cosa porque no existe algo más que no seas vos.
Te extraño, volvé a mí.
Todavía nos quedan muchas historias por contar.
miércoles, 17 de junio de 2020
Sobre mi Reina y mi Dios
Sentadas en la mesa,
almorzando con mi mamá a las tres de la tarde, mientras corta la milanesa, de
la nada (o desde sus profundidades que desconozco); comienza a murmurar sus
pensamientos, mezclando la actualidad con sus recuerdos, las noticias del día con
su pasado, superponiendo los tiempos con un nivel de narración que yo estoy muy
lejos de dominar.
"Hay gente que la está pasando muy mal, nosotros, gracias a Dios, estamos bien", habla sin mirarme, lo que me hace cuestionar si verdaderamente me está hablando a mí, o solo estoy presente en uno de los viajes a través de su mente "Cuando vivíamos en el hotel y no teníamos nada, Monica me compartía de su comida para darle a ustedes; yo me pasaba días sin comer, iba a la municipalidad, a casas de libros, a pedir a ver si me daban algo ¡Y me daban eh!" Contaba con naturalidad, tranquila, solo mencionando una más de las tantas historias que lleva hace años sobre su cuerpo, sobre su historia, dónde cada vez que revela algo pareciera ser que menos sabemos.
Pensé en mi infancia, en las cosas que me inventaba a mí misma para jugar, que ese conventillo era mi castillo, que yo era la reina de todo: de ese baño que compartíamos entre diez personas, de la cocina también, de esos pasillos, de las paredes con humedad, de cada escalón, de la piecita diminuta donde dormíamos los cuatro.
"Yo nunca me di cuenta de todo eso" le respondí, le confesé a mi mamá, para que sepa, al menos ahora, que esa batalla la había ganado. Que sus hijos nunca se fueron a dormir con la panza vacía ni con el corazón triste.
Ella me mira y se ríe, como recién notando que yo la estaba escuchando, como si yo le hubiera dicho que me acababa de enterar que Papá Noel nunca existió.
"Uno puede aguantarse el hambre" me dice "Pero a los chicos ¿cómo le explicas que no tenes nada para darle de comer?"
Me abraza un amor inconmensurable por esta mujer. "Ahora estamos acá má, mira todo lo que conseguiste, tenemos nuestra casa, nuestras cosas, nuestros perros" eso le respondí, pero quería decirle: Silvia, este es tu castillo, realmente tuyo, el que te ganaste venciendo a todos los dragones que te pusieron en el camino. Este es tu palacio, ya hiciste suficiente y ahora nos toca a nosotros luchar por vos.
Mi mamá asiente y sigue mirando el celular distrayéndose con el primer vídeo que le aparezca en el inicio. Ella tiene otras preocupaciones, otra manera de entender la vida, lo cual me parece perfecto, porque esta realidad no merece su pena.
De lo poco que recuerdo de cuando era chica, hay una situación que todavía me atormenta y me hace ruido aunque hayan pasado años, quizás recién ahora empiezo a entender lo que representa y por qué mi cabeza no me lo permite olvidar.
En esos tiempos, que yo debía tener siete años como mucho, alejadísima de entender el concepto de la plata o la pobreza, o siquiera de la realidad. Solo escuchaba hablar a mis papás de todo lo que nos faltaba, lo que nunca nos alcanzaba, a lo que nunca llegábamos. Yo no sabía a qué se referían, pero entendía que teníamos nuestros límites, nuestros imposibles.
Con todos mis dotes de actriz, mi imaginación para crear dramas (desde siempre). Un día subí a jugar con mi vecina Dalma, digo subir porque la pieza dónde ella vivía con su familia estaba en la terraza, lo que yo en ese momento envidiaba porque significaba que toda esa parte de arriba era su patio. En fin, reitero que tengo muy mala memoria para todo lo que me haya ocurrido antes de los diez años; pero justamente de este momento recuerdo perfectamente el escalón donde estábamos sentadas, increíblemente no recuerdo ninguna de mis palabras pero si el lugar. No sé qué le dije, le conté que en mi "casa" las cosas estaban complicadas, creo que inventé que mi mamá se había quedado sin trabajo pero puede ser que eso haya sido verdad.
Quizás el pensamiento común es que no se puede juzgar a una nena por inventar una historia pero todavía esa escena me avergüenza rememorando dentro de mi mente, que se sentía como estar improvisando, todo lo que estaba diciendo era ficticio para mí, ni siquiera estaba triste, solo estaba probando los límites de mi actuación.
Evidentemente fui lo suficientemente convincente para que Dalma se lo cuente a su mamá, y esta otra mujer maravillosa, me dio media docena de huevos y plata, no sé si era mucha o poca porque yo no sabía ni contar. Pero sin pensarlo mucho, me dio todo eso para que yo lleve a mi casa.
Aparece en mi mente la imagen de una bolsa gigantesca (al menos basada en mi perspectiva a esa edad), llena de juguetes, pero ahora no puedo descifrar si fue también algo que me dieron o cosas que yo regale, no importa mucho porque cuando llegue a la puerta mi mamá obviamente me mandó a devolver todo de inmediato.
Ahí está la angustia más inmensa que me trae esa situación, quizás por esto mi mente no me lo permite perdonar aunque haya pasado tanto tiempo y ni siquiera tuviera dimensión de lo que estaba pasando. Pero al volver a mi casa, con todas esas cosas en la mano, encontré verdadera tristeza en los ojos de mi mamá, era tan cruda y real que me largue a llorar a penas la vi, ella no me había dicho ni una palabra pero yo me sentía como la peor persona del mundo.
Ahora que crecí recién puedo entender que en su mirada encontré dolor, dolor que le daba que su hija haya notada esa falta, esos problemas internos. Ella creyó que yo estaba pasando tanta hambre que tuve que ir a pedirle comida a la vecina. Esa vergüenza que sintió en ese momento, todavía la persigue hasta días como hoy, cuando sigue levantándose día tras día para que no nos falte nada, aunque haya una pandemia, aunque sea el maldito fin del mundo, ella sigue.
Es uno de los pocos recuerdos que me quedan, que el tiempo no logro deshacer de mis huesos, de mi cuerpo, de quién soy.
También en ese mismo hotel yo rezaba, mirando al cielo, cuando ni siquiera entendía qué estaba haciendo, solo murmuraba "Dios: si existís, quiero que me lo demuestres. Danos una casa grande donde entre toda mi familia, un árbol de Navidad que sea alto hasta el techo y, por favor Diosito, que mi papá deje de estar borracho, te prometo que me voy a portar bien para siempre."
Parece irónico porque el tiempo pasó, nos pudimos mudar, yo tome la comunión, nos regalaron un árbol gigante, no vi nunca más a Dalma, deje de creer en Dios y en una experiencia cercana a la muerte, mi papá finalmente dejo el alcohol.
Quizás, algún día de estos, al menos por compromiso, junte las manos y mirando a las nubes le susurre a Dios sobre todos los agradecimientos que todavía le debo.
Espero que me sepa perdonar por todas las iglesias que queme por mi libertad, que sepa que crecí pero además de pedir, ahora también lucho y milito por nuestra clase social.
"Hay gente que la está pasando muy mal, nosotros, gracias a Dios, estamos bien", habla sin mirarme, lo que me hace cuestionar si verdaderamente me está hablando a mí, o solo estoy presente en uno de los viajes a través de su mente "Cuando vivíamos en el hotel y no teníamos nada, Monica me compartía de su comida para darle a ustedes; yo me pasaba días sin comer, iba a la municipalidad, a casas de libros, a pedir a ver si me daban algo ¡Y me daban eh!" Contaba con naturalidad, tranquila, solo mencionando una más de las tantas historias que lleva hace años sobre su cuerpo, sobre su historia, dónde cada vez que revela algo pareciera ser que menos sabemos.
Pensé en mi infancia, en las cosas que me inventaba a mí misma para jugar, que ese conventillo era mi castillo, que yo era la reina de todo: de ese baño que compartíamos entre diez personas, de la cocina también, de esos pasillos, de las paredes con humedad, de cada escalón, de la piecita diminuta donde dormíamos los cuatro.
"Yo nunca me di cuenta de todo eso" le respondí, le confesé a mi mamá, para que sepa, al menos ahora, que esa batalla la había ganado. Que sus hijos nunca se fueron a dormir con la panza vacía ni con el corazón triste.
Ella me mira y se ríe, como recién notando que yo la estaba escuchando, como si yo le hubiera dicho que me acababa de enterar que Papá Noel nunca existió.
"Uno puede aguantarse el hambre" me dice "Pero a los chicos ¿cómo le explicas que no tenes nada para darle de comer?"
Me abraza un amor inconmensurable por esta mujer. "Ahora estamos acá má, mira todo lo que conseguiste, tenemos nuestra casa, nuestras cosas, nuestros perros" eso le respondí, pero quería decirle: Silvia, este es tu castillo, realmente tuyo, el que te ganaste venciendo a todos los dragones que te pusieron en el camino. Este es tu palacio, ya hiciste suficiente y ahora nos toca a nosotros luchar por vos.
Mi mamá asiente y sigue mirando el celular distrayéndose con el primer vídeo que le aparezca en el inicio. Ella tiene otras preocupaciones, otra manera de entender la vida, lo cual me parece perfecto, porque esta realidad no merece su pena.
De lo poco que recuerdo de cuando era chica, hay una situación que todavía me atormenta y me hace ruido aunque hayan pasado años, quizás recién ahora empiezo a entender lo que representa y por qué mi cabeza no me lo permite olvidar.
En esos tiempos, que yo debía tener siete años como mucho, alejadísima de entender el concepto de la plata o la pobreza, o siquiera de la realidad. Solo escuchaba hablar a mis papás de todo lo que nos faltaba, lo que nunca nos alcanzaba, a lo que nunca llegábamos. Yo no sabía a qué se referían, pero entendía que teníamos nuestros límites, nuestros imposibles.
Con todos mis dotes de actriz, mi imaginación para crear dramas (desde siempre). Un día subí a jugar con mi vecina Dalma, digo subir porque la pieza dónde ella vivía con su familia estaba en la terraza, lo que yo en ese momento envidiaba porque significaba que toda esa parte de arriba era su patio. En fin, reitero que tengo muy mala memoria para todo lo que me haya ocurrido antes de los diez años; pero justamente de este momento recuerdo perfectamente el escalón donde estábamos sentadas, increíblemente no recuerdo ninguna de mis palabras pero si el lugar. No sé qué le dije, le conté que en mi "casa" las cosas estaban complicadas, creo que inventé que mi mamá se había quedado sin trabajo pero puede ser que eso haya sido verdad.
Quizás el pensamiento común es que no se puede juzgar a una nena por inventar una historia pero todavía esa escena me avergüenza rememorando dentro de mi mente, que se sentía como estar improvisando, todo lo que estaba diciendo era ficticio para mí, ni siquiera estaba triste, solo estaba probando los límites de mi actuación.
Evidentemente fui lo suficientemente convincente para que Dalma se lo cuente a su mamá, y esta otra mujer maravillosa, me dio media docena de huevos y plata, no sé si era mucha o poca porque yo no sabía ni contar. Pero sin pensarlo mucho, me dio todo eso para que yo lleve a mi casa.
Aparece en mi mente la imagen de una bolsa gigantesca (al menos basada en mi perspectiva a esa edad), llena de juguetes, pero ahora no puedo descifrar si fue también algo que me dieron o cosas que yo regale, no importa mucho porque cuando llegue a la puerta mi mamá obviamente me mandó a devolver todo de inmediato.
Ahí está la angustia más inmensa que me trae esa situación, quizás por esto mi mente no me lo permite perdonar aunque haya pasado tanto tiempo y ni siquiera tuviera dimensión de lo que estaba pasando. Pero al volver a mi casa, con todas esas cosas en la mano, encontré verdadera tristeza en los ojos de mi mamá, era tan cruda y real que me largue a llorar a penas la vi, ella no me había dicho ni una palabra pero yo me sentía como la peor persona del mundo.
Ahora que crecí recién puedo entender que en su mirada encontré dolor, dolor que le daba que su hija haya notada esa falta, esos problemas internos. Ella creyó que yo estaba pasando tanta hambre que tuve que ir a pedirle comida a la vecina. Esa vergüenza que sintió en ese momento, todavía la persigue hasta días como hoy, cuando sigue levantándose día tras día para que no nos falte nada, aunque haya una pandemia, aunque sea el maldito fin del mundo, ella sigue.
Es uno de los pocos recuerdos que me quedan, que el tiempo no logro deshacer de mis huesos, de mi cuerpo, de quién soy.
También en ese mismo hotel yo rezaba, mirando al cielo, cuando ni siquiera entendía qué estaba haciendo, solo murmuraba "Dios: si existís, quiero que me lo demuestres. Danos una casa grande donde entre toda mi familia, un árbol de Navidad que sea alto hasta el techo y, por favor Diosito, que mi papá deje de estar borracho, te prometo que me voy a portar bien para siempre."
Parece irónico porque el tiempo pasó, nos pudimos mudar, yo tome la comunión, nos regalaron un árbol gigante, no vi nunca más a Dalma, deje de creer en Dios y en una experiencia cercana a la muerte, mi papá finalmente dejo el alcohol.
Quizás, algún día de estos, al menos por compromiso, junte las manos y mirando a las nubes le susurre a Dios sobre todos los agradecimientos que todavía le debo.
Espero que me sepa perdonar por todas las iglesias que queme por mi libertad, que sepa que crecí pero además de pedir, ahora también lucho y milito por nuestra clase social.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)