martes, 16 de marzo de 2021

dieciséis de marzo, 21

 Martes. Hoy un poco me estoy obligando a escribir para trabajar, mínimo, con mis problemas de constancia. Después de un mes finalmente vuelvo a agarrar un libro; Saramago se siente como un viejo conocido que me contó sobre su vida hace años atrás, ahora en sus palabras reconozco el sabor de su redacción y su característica alternativa al dialogar. Voy retomando, digo, intentando sanar, buscándome.

Escucho una playlist de youtube, se llama "you're studying in a haunted library with ghosts", desde esta biblioteca, leyendo poesía mientras los fantasmas del pasado me miran hambrientos, les cuento sobre mi semana.

Intento con patadas y uñas alejarme de las pantallas, casi que me convierto en una. No hay escape. Se me pone la piel de gallina, no sé si es por las letras de Diego o por el frío que acompaña esta lluvia, en esta soledad por primera vez le comparto un café a alguien que me invita un trago de sus ideas.

Mi abuelo se desmayó estando solo en su casa, después lo llevaron al hospital pero sin mucho diagnostico lo devolvieron, dicen que no puede quedarse allá, que es muy peligroso, que hay un virus dando vuelta por todos lados. Mis tías intentan comunicarse con alguien pero Virasoro esta muy lejos, las llamadas no llegan, no hay señal, solo hay kilómetros e incertidumbre.

En el segundo intento logré pasar el final de bioquímica; una nota no puede definirme, siempre me repito. Pero me siento superpoderosa cuando apruebo una materia, todo lo demás deja de importar. Puedo esto, puedo conmigo misma. Me permito burlarme de mi síndrome del impostor, me rio en su cara unos segundos antes de que vuelva a dominarme.

También encuentro en mis notas una observación curiosa sobre involucrarme en el mundo laboral de los adultos, cómo es su personalidad cuando están lejos de sus hijos o familiares; es en pocas palabras, decepcionante. Pero lo desarrollaré en otro momento o nunca.

Me tomo el día entero escribir esto, tres playlist, un café, un mate y dos horas de siesta.

Pero existe, pero pude.

lunes, 8 de marzo de 2021

ocho de marzo, 21.

 Ya es lunes, van a ser las dos de la tarde. Me es imposible hacer las cosas a tiempo, manejar una agenda, cumplir con mis pequeños objetivos en el horario estimado. Siempre elijo el disfrute, tomarme un café, dormirme una siesta, escuchar una banda nueva "si es tan importante, entonces es necesario que lo haga cuando tenga la energía suficiente para darle la atención que merece". Nunca es tan importante.

Hay personas que nacen en el seno de una familia musical, de chiquitos ya aprenden a latir con ritmo, a escuchar en colores y texturas, a saborear los sonidos de una manera distinta. A mi no me paso, recién ahora, a los veintidós años descubro la energía que me trasmiten las canciones puramente instrumentales, las bandas  que dan conciertos enteros sin cantar, utilizando las voces de sus instrumentos. Me da miedo morirme sin haber descubierto mi canción favorita.

Busco en mi celular alguna nota que haya escrito sobre esta semana, pero es una simulación, un acto simbólico, porque todos lo que ocurrió lo tengo acá, incrustado en el dolor de mis muslos (mi cuerpo y su costumbre de acumulación).

El martes llegué de trabajar a las once de la noche, cené con la noticia de que despidieron a ocho de mis compañeras, todavía no lo digiero bien. ¿Por qué tan tarde? fue lo primero que me pregunte, ¿por qué no les permitieron, al menos, dormir tranquilas? Todavía tengo pánico cada vez que me suena el celular, no quiero recibir una llamada nunca más. Me perturba la idea de que me puedan arrancar con tanta facilidad algo que ya forma parte de mi cotidianidad. Voy hasta allá, entro como si nada hubiera pasado, me encuentro con cinco o seis caras nuevas, todos lo demás sigue igual pero faltan ellas y nadie las menciona, yo tampoco. Cuando salgo les mando un mensaje, pero sé que van a desvanecerse, no me acuerdo cómo ni cuando pero sé que esta semana las vi por última vez en mi vida.

También fui a la dermatologa, me miro y me dijo "estoy pensando qué hacer con vos". Yo también la mire, estábamos pensado lo mismo.

Es ocho de marzo y es el tipo de día que me incomoda hasta las huesos, la lucha, la sangre, el dolor, la injusticia. Tantas veces escribí al respecto que hoy voy a admitir algo: feliz de ser mujer me siento, sí, cuando me abrazan mis amigas, cuando escucho las risas de mis tías, cuando encuentro la más fiel complicidad dentro de un baño con una chica desconocida que me presta su rimmel, cuando conquistamos derechos sobre la avenida Rivadavia, cuando comparto un mate con mi mamá abajo del solcito, cuando las tengo a mi alrededor y me hacen sentir superpoderosa. Sí, feliz de ser mujer soy, pero no por el día ni porque me lo deseen, sino por ellas.

domingo, 28 de febrero de 2021

veintiocho de febrero, 21

 Envidio a los creadores de los newsletter que leo porque pueden escribir todas las semanas, generar algo real, un texto compacto que resume lo que los estuvo obsesionando esos últimos días.

Desde que descubrí a Diego Geddes con su Diario de la Procrastinación siento que todo puede ser interesante si sabes describirlo desde una perspectiva más poética, él dice "recuerden que esto es una terapia, un ejercicio de escritura contra la procrastinación".

El único chico real que me interesa por el momento me recomendó ir a terapia, él estudia psicología. Yo estudio ciencias ambientales y le recomendé fumar porro. Por nuestro lado ya superamos el estigma que hay sobre la salud mental hace mucho, terapia parece ser lo mejor para todos. Leo me pregunto anoche "¿qué personas que conozcas crees que si van al psicólogo podrían llegar a hablar sobre vos?". Yo no sé sobre qué hablaría, todavía no tengo claro si me es fácil o extremadamente difícil comunicarme con los demás.

Para resumir mi semana voy a centrarme en los picos de mi humanidad.

Desaprobé un final que me rompió el corazón, en su nombre ya lleva la descripción de algo muy definitivo pero es paradójico entender que no es el final de nada, en dos semanas tengo otra oportunidad. Si mis logros nunca me bastaron para definirme, mucho menos tendría que permitírselo a mis fracasos.

El otro día escribí una nota en mi celular estando drogada, decía: a veces siento que estoy enamorada de las más románticas maneras de mis amigas. Cuestionable el ordenamiento de palabras en esa frase, pero ese nivel de honestidad cruda me dio fuerzas suficientes para querer publicar algo. 

¿Para qué vivir si no es por amor?

viernes, 15 de enero de 2021

 El que domina las palabras ya tiene medio mundo en sus manos, la otra mitad la construye con sus versos. Como el Dios de todo lo que todavía no existe que paradójicamente crece con la materialización. Alimentado a base de té de miel y cajas sonoras.

¿Pero qué se yo de paraísos y creaciones? Hija prodigia del pecado y eterna esclava de las estructuras. 

¿Qué se yo de libertad? Siendo el mismísimo dragón vigilando un castillo que hace años está vacío.

Rezando desde que me despierto sin saber a dónde dirigir las plegarias.

Proclamándome atea a los gritos después de ser bautizada en cada sueño y en cada parpadeo.

El idioma nos queda dos tallas más chico, en el afán de querer utilizarlo termino rompiéndome; los retazos de mi persona no llaman tu atención, los cuerpos incompletos nunca fueron de tu interés.

Lo que no se nombre no existe y mi boca no sabe pronuncia tu nombre, sos una idea, un concepto incorpóreo, energía que me atraviesa pero no puedo tocar.

Religión de los necios. Fieles creyentes de la nadadería.

lunes, 11 de enero de 2021

Razones para no salir conmigo

 No hago buenos mates porque nunca me importó el sabor realmente, empecé a tomarlo más como una urgencia social y ahora lo tomo como una urgencia personal, no porque me guste, le pongo mucha azúcar porque disfruto más del ritual que de la cosa en sí. Tampoco me gusta la cerveza pero eso es más difícil disimular, es también la bebida social por excelencia, pero yo prefiero el alcohol de verdad.

Mis daddy's issues no me dejan tomar vino pero soy capaz de envenenarme con cualquier sustancia que me presenten, estoy trabajando en eso porque mi cuerpo ya no resiste de la misma manera que antes, pero para ser sincera cualquier excusa para evitar la realidad me parece irresistible.

Vivo un treinta por ciento afuera, es decir, en el mundo que me rodea. Pero principalmente vivo adentro de mi cabeza, en una realidad paralela donde soy otra persona, en otros lugares, en otras historias.

Pocas veces encuentro a alguien que me saque de mi misma, tampoco lo permito mucho. Me ahogo muy fácil, aprendí a disfrutar de mi soledad y un poco me enamoré de ella por hacerme sentir segura (a veces), también la odio de a ratos, cuando aleja a la gente sin permitirle ni conocerme.

Sé que querés que salgamos, que nos sentemos en un bar a hablar de la vida, y quiero ser esa que te dice sí sin pensarlo dos veces. Pero soy esta, que vive el con el celular en la mano pero nunca te va a contestar un mensaje, y no porque no quiera, en mi cabeza ya me imagine veinte respuestas diferentes para darte y las charlas que derivarían de cada una; pero no puedo, no encuentro las fuerzas entonces pienso "después le respondo", miro películas románticas, escribo, duermo, cuando me doy cuenta pasaron dos días "ya es demasiado tarde para contestar sin quedar mal, otro día busco una excusa para hablarle". Pero ese día nunca llega, o quizás sí, pero las fuerzas no. El tiempo paso, nunca fuimos a tomar algo, ya estas de novio, me alegro, se notaba que eras una buena persona, suerte en tu vida, la próxima será.

Pasaron las horas, yo nunca salgo de mi casa, el resto del mundo sigue ocurriendo pero no lo puedo ver desde mi ventana. 

Ni siquiera puedo mirarme al espejo, ahora no hay ninguna parte de mi misma que me guste, y no me importa lo que me digan porque si yo no me gusto mucho menos me puede gustar alguien más. No quiero verte porque no quiero que me veas. Salir con vos es también salir conmigo y no me soporto, ni nos juntamos y ya sé que voy a estar repasando cada palabra y cada error por meses en mi cabeza, me ahorro ese padecimiento antes de que ocurra, me ahorro de mi misma si no me comparto con nadie más.

Te ahorro a vos una perdida de tiempo, porque me gusta llamar la atención y por eso busco que me veas, que me hables, que me mandes un mensaje en el que voy a estar pensando todo el día pero nunca voy a responder. Porque vivo en un loop del síndrome del impostor y todo lo que idealices de mí va a desvanecerse en cada paso que te acerques.

Hablo con orgullo sobre mi amor por la literatura cuando la mayoría de las personas que conozco escriben igual o mejor que yo, leo muchos libros, sí, pero probablemente mucho menos de lo que creas. Hablo sobre música pero hace años que escucho lo mismo. Hablo de mi trabajo, de mi carrera, disfruto cada día en el que paso desapercibida sin que nadie se de cuenta que quizás no soy suficiente, que no sé lo necesario, que no entiendo tanto como debería.

Y así como tengo miedo de todo lo que no soy, también soy totalmente inamovible con todo lo que creo, con todo lo que amo. Lo cual me hace exageradamente intolerante a cualquier comentario fuera de lugar que probablemente hagas y que no puedo dejar pasar. Porque soy egoísta y me amo más que nada para obligarme a estar con y donde no me sienta cómoda. Porque soy una impostora pero también soy mucho más, y quizás no es justo para vos que solo querés salir a tomar algo porque ni siquiera hago buenos mates ni me gusta la cerveza, pero si aceptas que te conteste dos días después me gustaría que te acerques un poquito más, porque hace mucho mucho tiempo que nadie me besa.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Deficiencia

Sobre los asientos, esperanza.
Encima del altar, mentiras.
En el libro, improbables.
De comida una hostia.
De bebida, un vino solo para él.
El resto, bocas secas. 
Bocas hambrientas.
Largas túnicas y ojos vacíos.
Miradas cómplices, susurros peligrosos.
Palabras huecas, ilusiones vanas.
Amén.
Otro domingo igual.
En la habitación de ellos, dinero de otros dueños.
Los niños, ansiosos, una y otra vez,
con más esfuerzo
tal vez la próxima. 

lunes, 9 de noviembre de 2020

Declaración del desvarío

La lluvia y todo lo que no soy me ayudan a levantarme.
Cuando el calor de la tierra sangrando no me sofoca, es más fácil encontrarme.
Me faltan letras, tengo hambre de poesías.
La pantalla como el peor de los espejos porque no revela nuestro exterior sino algo más profundo, más interno.
Más me desconozco, más me pierdo en todas las vidas que no estoy viviendo.
Esperando la respuesta que nunca llega de mi ángel de la guarda, otro más que me abandona a mi suerte.
Embebecida en el agua que de tanto limpiarme me dejo sin esencia, se llevo mi dolor como mi decencia.
Arrastrándome por atención de números encriptados, de rostros sin ojos, de palabras sin sonidos. De quién hoy es solo un eco de canciones que alguna vez me representaron, de sonidos que fueron latidos pero ahora no son más que zumbidos que la noche amordaza.
Ese temible cielo oscuro que todo lo tiene de mí pero nada quiere, lo supo antes de mi nacimiento; la noche tan eterna, tan inevitable, jamás se amistaría con una de las pecadoras efímeras. Nosotras alardeamos de nuestra hermandad porque conocemos de su silencio, que no nos contradice pero tampoco nos acepta. Nos juzga y nos protege, la religión de un mundo sin sombras pero tristemente abstracto, con déficit de colores.
Hay un abismo que nos atraviesa, pero la historia no olvida: estamos hechos por agua y por vida, en esta fábula son los meteoritos quienes nos esquivan.