Quedé detenida en este en este péndulo de palabras con las que me apuñalaste esta tarde y para siempre. Que mi amor no basta, no se ve, no se siente ¿no existe? Me acusas de te amos vacíos, si mis palabras no caen por su propio peso ¿Quién soy?
Estoy naufragando por tu mirada, sin instinto de supervivencia.
Si soy esa que vos decís, la que no te ama de verdad ¿Qué hago acá rasgándome las vestiduras? ¿Qué hago con esta angustia intransferible? Con tanta vida que no alcanzo.
Voy a intentar ponerlo en palabras, no en un último intento de convencerte solo para que sepas que si te veo, como nadie, como nunca.
Ese vacío que te habita y te convence de que la bondad se extinguió hace mucho tiempo, tu mirada de mártir vencido, ese corazón que tiembla dentro tu cuerpo duro al igual que tus manos sostenidas. Esa piel impenetrable que solo quiere ser acariciada hasta la muerte. Esa condena silenciosa que no te da descanso, el pasado aterrador acercándose de todos los flancos, la disciplina constante que la mantiene fuera de vista. Ese seguir sin fin, sin rumbo ni partida. Esa necesidad de cumplir, más para los demás que para vos mismo. El sacrificio como único movimiento posible, dormirse agotado como solo si de esa manera fueras merecedor del descanso.
Ese abrazo que te falta y que no alcanzo.
Veo tu felicidad reposar en las sonrisas ajenas, tu amabilidad en el intercambio con quien tengas en frente, tu debilidad por los animales. Tu paciencia de todos los tamaños, tu determinación heroica para las situaciones necesarias.
Tu ternura traducida en cuidado, en escucha, en salvación.
Te veo, te lloro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario